A TI, JORNALERO.
A ti jornalero de la vida que deambulas a orden escrita.
A ti zombi de la calle que arrastras el sudor y la agonía.
A ti coraje y valentía.
A ti que te enfrentas al riesgo y sacas lo mejor superando con creatividad la realidad sucia.
Sales con la primera luz,
navegando las calles con tu amiga,
cargada con su escalera.
Manos al volante, acariciando su fidelidad, blindada la compañía que vuestra intimidad recela.
Un mundo reducido a unas ruedas.
Un paradigma de libertad que corre por tus venas.
Desfila la calle, la gente, la panorámica entera.
Corre el día respirando el gas oíl, las ruedas resoplan al besar el fuego del alquitrán de la carretera.
Arrebol que invade tu rostro. El sol castiga una piel nívea de tantos ratos protegidos.
Vuelves derrotado y roto, en un suspiro, sin anunciarte.
Se evidencía tu silencio. Te limpias de tres meses de hogar y mimo.
Te dejas en la ducha cansancio de nervio reverdecido.
Llora el agua un jabón que aromatiza el ácido de tus sentidos contravenidos.
Oscurece el cielo sus nubes, avanza la serena luna. Las estrellas encienden miles de bombillas y vuelve el hombre a casa, con su familia.
A ti jornalero que luchas con tesón y gallardía.
A ti, mi hombre, pedestal de mis alegrías.
Al padre de mis hijas, a este azul de persona que unió su vida a la mía.
Claudia Ballester Grifo

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