jueves, 18 de junio de 2020

UNA LÍNEA.
La línea que pasa de la salud a la enfermedad no es recta ni gruesa. Se trata de una fina y endeble línea que nos traslada de un mundo de colores al blanco y negro en un segundo.
Nadie nos prepara para ello porque la sociedad no se preocupa por lo que considera lejano o ageno.
Nos dejamos llevar por la complacencia y el brillo y eso es algo que la propaganda conoce muy bien.

Nada de excusas. El choque de la realidad nos ha dado en las narices. Ha tenido que llegar un ser que no entiende de convenciones ni se casa con nadie. Un virus, de estructura sencilla, pero mortífera que pone al mundo en vilo.
Aún así, después de tres meses de confinamiento, sufrimiento e infinidad de secuelas, es salir a la calle y perder la cabeza.
Las mascarillas molestan. A unos les entran sofocos y otros se ahogan. Los jóvenes se abrazan como si no hubiera un mañana y, de hecho, ciegan los ojos de algún vulnerable con su impulso irreflexivo y escandaloso.

No más excusas. Esta realidad es la nuestra y no hay que mirar al prójimo para saber lo que toca.
Mascarillas, medidas de alejamiento e higiene son las tres premisas claras y ciertas. El tiempo que haga falta y con responsabilidad asumida y verdadera.
Ya llegará el antiviral y la bendita vacuna que nos saque de esta. La ciencia nos ayudará, pero mientras llega arrimemos el hombro y procedamos con la cabeza.

Quiero pensar que el grupo nos ha hecho avanzar y llegar hasta donde estamos.
Quiero creer en la voluntad del ser humano.
Quiero soñar en unos lazos que nos unen y se preocupan por nuestra suerte y cuidado.
Creo en el individuo racional e implicado.
Espero que el azote de la picaresca se convierta en un dibujo que forme parte del pasado.
Espero y ruego por la vida. Cada muerte es un mazazo.

Claudia Ballester Grifo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario