VERANO.
Viene el verano. Viene hermoso, galán esperado. Huele a césped recién cortado, a hiedra escalando ojos de ventana; a hibiscus de rojo tatuado.
Viene mi amor ansiado. Ese trino de pájaros tan esperado. Esas noches de grillos a mi alféizar asomados. Ese silencio de asfalto... Se abre el cielo estrellado.
Viene silencioso, mullido de flores, bien acompañado. Se ríe con sus nubes de trazo etéreo y alocado. Lucido de azul ensalzado. Hermoso a mis ojos enamorados.
Fragancia de playa y arena. Amigo sol de dunas y sal. Rumor de caracolas en mi adorada agua, bruñida de amor y ondas de azul, espuma de mar.
Sombrillas llenando el espacio de toallas de ilusión. Colores de arcoiris que viste la playa y reboza sus faldas de melodía y canción. Crema de enamorados, santuario de protección.
Viene mi chico cargado de ilusión. Salta la vida, resurge la pasión. Escucha su tintineo, se reboza mi corazón.
Sonríe a la mañana, sonríe su composición, sus partículas pequeñas, la intención.
Sus ojos esmerilados, de celeste fulgor, abrazan los sentidos, alegría de mi evocación.
Viene el verano, al fin, por Dios. Viene con su mochila a cuestas y su bastón. Excursiones de senda, amigos y distracción. Barbacoas de abrazos y mucha, mucha intención.
Agua fresca rizando los calores y besos, muchos besos que curan el corazón.
Claudia Ballester Grifo

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