AGOTAMIENTO.
Cierro los ojos secos por el rojo de la perseverancía. Lloran las ninfas de sus lagrimales los arroyos que las sustentan.
La voluntad levanta las hojas del bosque que acaricia sus susurros de oscuras noches.
La responsabilidad azuza el corcel del brío que se agota.
Destila vida la bruma que se desliza entre el entusiasmo y las ganas.
Son risas las que dibujan los sueños que duermen su descanso.
Parada obligada en una brisa que huele a incienso.
Las nubes no llegan a besar tan bajo.
Cansados mis ojos, pesan los globos de su éter quemado.
El brillo de su puño cierra el sello de un testigo ciego.
No puede el aire traicionar su cielo.
No puede el ave perforar, con su pico,
la seda de su trazado.
Déjemos a las hadas que dancen
sus días, vistiendo de flores las
cuencas vacías.
Qué arrollen las hiedras los surcos
llorosos de la fatiga.
Qué el beso bendiga esa presión
de torrente vertida.
Fragancia de pétalo,
elixir que la magia cura.
Claudia Ballester Grifo
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