martes, 9 de junio de 2020

TANZANIA 3

Berta y Edna departían temas importantes con cazadores de los otros poblados. Hablaban con sobreentendidos. Gestos sutiles como el elevar una ceja o una caída de parpados. Su lenguaje era el fruto de un logaritmo matemático que alguien había creado pensando en el proyecto. Ese lenguaje se había convertido en el medio de comunicación de todos. La Torre de Babel había conseguido una lengua, única para ese parque, refugio de flora, fauna y humanos en su estado más puro. Las ordenes eran claras. A los judíos y arios se debía cruzar la resistencia de los negros. Todos absolutamente presentaban un coeficiente intelectual superior a 130. Este factor les hacía muy resolutivos, pero se había constatado muchos abortos y problemas en el parto y neonatales. La introducción de la raza negra era un intento de mejorar los resultados. Por lo tanto, se iba a intentar formar parejas de distinto color de piel.
El aire se respiraba limpio y cálido. Los animales se mantenían lejos del poblado respetando las márgenes del territorio. El reclamo del león se oía a km como una letanía de vida que proveía a la naturaleza de unos hijos que aseguraban el futuro. La presencia de los depredadores marcaba el saneamiento y el equilibrio que regulaba el crecimiento de las especies. Leones, guepardos, buitres, hienas… son responsables de la selección natural y de la limpieza de la sabana. Pastos, ñus y buitres para cerrar el círculo. Los herbívoros comen hierba, unos pastos que alrededor del rio Mara nunca faltan. En época de sequía la lucha por la vida alcanza su punto más extremo. Los rebaños de ñus y cebras se suelen reunir para cruzar el rio. Al final de agosto los carroñeros están esperando. Los cocodrilos agazapados en el lecho del rio atisban sus presas a medida que se envalentonan para alcanzar la orilla opuesta. Los más valientes suelen sufrir la primera embestida. Los últimos tampoco salen mejor parados. Las madres vigilan a sus crías en medio de la avalancha y la confusión. Aun así, alguna se pierde no pudiendo pasar y regresando por donde había venido, sola y presa fácil. Otras son arrastradas por la corriente y separadas de sus madres que no tiene más remedio que continuar. La tercera criba la pasan al intentar superar los muros para salir del rio. Los buitres rescatan los cuerpos que quedan amontonados.
Kilómetros más abajo unos hipopótamos recelosos de la higiene de su zona van arrinconando los cuerpos que flotan en sus aguas. Las hienas acuden inmediatamente al festín de intensos olores. Los buitres esperaran a que ellas acaben.
En el poblado los comensales brindaban y fumaban esencias que abrían sus espíritus. Se unían en bailes cadenciosos al sonido de tambores y timbales. El sonido de las flautas elevaba el tono a pura magia. Los niños aprovechaban el despiste generalizado para aventurarse por los alrededores.
Adalia cogió un buen trozo de deshecho de muslo de avestruz y llamó a su amigo chacal. Con un profundo aullido mantenido por unos segundos recibió contestación. Erika se mantenía a su lado sabedora de lo que iba a suceder. Su hermana, aunque solo tuviera cuatro años se comunicaba muy bien con los animales. El perrillo acudió moviendo la cola. Los niños foráneos se alejaron de la escena temerosos. No estaban acostumbrados a esa proximidad con un depredador. El chacal acogía con gusto las caricias de las niñas. Los demás se fueron animando y acabaron jugando a perseguirse los unos a los otros.
Berta se acercó a Adher, su compañero. Iba entrando la tarde y las parejas atarían sus pañuelos. Reclinó su cabeza sobre su hombro y dejó escapar un suspiro. Corrieron muchas lunas desde su iniciación. Berta pertenecía a la primera aldea y Adher a la segunda. Ni siquiera se habían visto en la fiesta. Él no entraba en la idea que tenía para formar una familia. Cuando los emparejaron intentaron no mostrar ninguna emoción. Sabían lo que se esperaba de ellos y no dudaron en sonreír esperanzados. Los guías habían decidido y su sabiduría era incuestionable. Se quedaron en una choza de la aldea de Berta. Una choza construida para ellos. El hombre solía quedarse a residir en el poblado de la mujer. La primera noche Berta se relajó con el trato amable de Adher. El joven no esperaba ningún acercamiento íntimo. No es que no le gustara su pareja, todo lo contrario, la encontraba muy seductora. Tenía una sensualidad innata que dejaba un aroma irresistible a feromonas. Quería ganarse su aceptación, primero y si era posible, conquistar su amor. Berta no se quedó insensible a su conducta. A los tres meses estaba embarazada y feliz. Habían sido bendecidos con 5 hijos; 2 niñas y 3 varones. Lila (madre de Danna, Izan, Adalia y Erika; casada con Adolph) era la primogénita. Los tres varones vivían con sus mujeres en el segundo poblado y la pequeña murió al poco tiempo de nacer por unas fiebres.
Adher estaba profundamente enamorado de su mujer. Levantó su barbilla con ternura y la besó. Admiraba su fortaleza y tesón. Nunca la había oído quejarse y siempre encontraba solución para cualquier problema que se presentara. La vida era muy sencilla con ella.
Ver a sus hijos todos reunidos les llenaba de satisfacción. Solían visitarse cuando era necesario o les pillaba de camino, pero el día de la fiesta solo ocurría dos veces al año y era muy especial. Querían a las nueras como a unas hijas más y por sus nietos ni qué decir, verdadera adoración; los tenían de todas las edades. Su instinto de familia estaba muy desarrollado, El sentir de supervivencia y de asegurar la especie crecía en ellos con el aprendizaje de la naturaleza.
Los tambores acompañaban la retirada del sol. El cielo se abría con colores irisados. El amarillo se imponía en su vuelo, arrastrando a un naranja de la mano. El azul del Kilimanjaro besaba el morado que cubría sus cumbres. Los árboles recostaban sus aplanadas copas en reverencia al ocaso.
El poblado entendía el momento. Tomaron sus posiciones y los maestros de ceremonia empezaron a llamar a los jóvenes por sus nombres. Había un maestro por aldea, por lo que eran tres. Berta representaba a la primera aldea. Tenía claro que no iba a separar a Danna de Axel. Formaban una pareja establecida desde muy niños. Estaban hechos el uno para el otro. Hizo las presentaciones y habló un poco de sus virtudes. Cogió la mano de su hija y se la ofreció al feliz novio. Por la sabiduría de los Guías quedaron unidos.
Acto seguido dio paso a Jan y el maestro de la tercera aldea a Kioni, la primera pareja interracial. Hicieron sus presentaciones y los unieron por el poder que les concedían los Guías.
Berta llamó a Arlet y el maestro de la tercera aldea a Matu. Los chicos no podían disimular su felicidad. Quedaron unidos y se acercaron a felicitar a sus compañeros.
El maestro del segundo poblado llamó a Heidi y Osiel. Los presentó ya que los conocía perfectamente. Osiel era su sobrino y sabía que estaba loco por la chica, aunque nunca le había dicho nada. La preciosa rubia omitió gesto alguno. Quedaron unidos con la satisfacción plena del enamorado.
Así fueron sucediéndose las parejas, los saludos y las felicitaciones. Los padres y familiares cercanos les silbaban y jaleaban. Las danzas incorporaban en el centro a las parejas formadas alentándolas al desenfreno de la noche. Los niños se retiraron a dormir. Las próximas horas pertenecían a los adultos.
Claudia Ballester Grifo.

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