viernes, 26 de junio de 2020

TANZANIA 5.
Los invitados se quedarían unos días. Saldrían a cazar juntos y se abastecerían todos antes de su partida. Las parejas fueron saliendo al aroma de la comida caliente. Se sentían hambrientos y con ganas de compartir experiencias. Los amigos tenían muchas ganas de encontrarse, algunos de ellos cambiarían de poblado.
Axel y Danna se reunieron con Jan y Kioni, Arlet y Matu. Sus caras no podían negar la felicidad que les embargaba. Apenas habían dormido, pero la juventud no entendía de cansancio ni se sometía al tiempo. Adalia y Erika miraban a su hermana con orgullo. Izan se mantenía más distante con sus once años, retenía sus emociones para evitar las burlas de sus amigos. Estaba muy contento de que fuera Axel el elegido. Se llevaba muy bien con él y le gustaba mucho su hermana pequeña. Ahora tendría una excusa para pasar más tiempo con ella. Sus amigos reclamaron su atención. Los niños se habían levantado más temprano y ya habían comido. Se iban al rio a buscar huevos de cocodrilo. Sabían muy bien dónde buscar. La tierra removida se encontraba muy cerca de la orilla del rio. Las madres los escondían entre las hierbas altas de los márgenes. Mientras unos vigilaban los otros se afanaban en escarbar. Los huevos tardaban alrededor de tres meses en eclosionar. Según la temperatura fuera más alta o más baja salían hembras o machos. Si la temperatura era más alta de 35 grados las crías podrían presentar anomalías. Cuando eclosionaban los huevos, la madre escuchaba a sus crías y salía rápidamente del rio para recogerlos entre sus fauces con suma delicadeza. Los depositaba en una especie de guardería con aguas cálidas y poco profundas a salvo del canibalismo de sus congéneres.
Debían trabajar con rapidez y ponían los huevos en un recipiente trenzado de varas flexibles.
El más pequeño dio el grito de alarma y todos salieron corriendo. La madre enloquecida salía del agua muy enfadada. Era capaz de moverse con rapidez también en la tierra y estuvo persiguiéndoles un rato. Volvió iracunda a comprobar el destrozo sin consecuencias para los niños.
Los amigos se daban palmadas en la espalda. Llevaban orgullosos el manjar al poblado. La adrenalina corría por sus venas. Las consecuencias de la fiereza de la madre cocodrilo eran proporcionales a sus fauces. Si hubiera alcanzado a alguno de ellos lo más probable era que lo hubiera arrastrado al agua y ya no lo volvieran a ver. No era la primera vez que sufrían un accidente de estas características.
Axel mantenía la mano de Danna acariciándola. Los pensamientos se sucedían como arañuelas eléctricas corriendo y cruzándose en todas las direcciones. Quería lo mejor para su mujer y para la familia que pudieran formar. Sentía la responsabilidad de cuidarla y volvían a él todas las noches de insomnio intentando aclarar percepciones e ideas. Poseía una gran memoria fotográfica y, a veces, sentía que no estaba solo aunque lo estuviera. Su mente almacenaba iniciativas que no se atrevía a verbalizar porque se apartaban de lo establecido. Los conflictos internos le atenazaban desde muy niño y no los había compartido ni con Danna. Ahora sí, se sentía animado a contarle sus proyectos a su compañera.
Jan de carácter más alocado había vivido una noche de amor con Kioni que superaba todas sus expectativas. La diosa de ébano estaba hecha para el amor y mostró una sexualidad desinhibida que hizo las delicias de su compañero.
Heidi se acercó a Axel en el momento en que Danna se fue a hablar con su madre y sus hermanos. Lo había conocido el día anterior y hubiera preferido que la emparejaran con él. Osiel la asustaba. No es que hubiera hecho nada incorrecto, pero lo encontraba falto de sensibilidad y actuaba de forma muy impetuosa. Lo encontraba posesivo y totalitario.
Axel le sonrió con la mirada radiante que reflejaba su felicidad. No había lugar a dudas, disfrutaba de su compromiso. Él se percató de la zozobra de Heidi y le dolió porque era la viva estampa de Afrodita. Se merecía un compañero que la admirara y la respetara. Osiel se acercó inmediatamente a rescatar a su mujer. No conocía a Axel, pero tampoco le interesaba mucho, no iba a quedarse en su poblado. Atenazó su estrecha cintura y se la llevó lo más lejos que pudo.
Arlet estaba feliz de encontrar a Jan tan colgado de su pareja. Ella también se había sentido impactada por Matu. Iba a sentir mucho su marcha y no quería ni perder un segundo de compartir cerca de él y su maravillosa mujer. Matu y Kioni pertenecían al tercer poblado y eran amigos. Matu se quedaría, pero Kioni volvería al suyo con Jan. Matu felicitó a la pareja con sinceridad.
El día iba regalando ocio. Tras el descanso de la noche los cazadores saldrían a buscar alimento.
Edna se reunió con Berta. En la comida se habían cocido cereales y servido frutas que no conocían. Se abastecían de lo que les procuraba la naturaleza, pero no practicaban el cultivo. Sabían que era un tema tabú, aunque ya habían observado cómo se comportaba la naturaleza con las semillas. Pasaban tiempo asentados y levantaban el campamento cuando escaseaba la caza. Más de una vez habían escuchado alguna voz que se atrevía a plantear las ventajas del cultivo para paliar las épocas de hambruna.
Magali, la hechicera, hablaba con los guías mediante una ceremonia en la que los más mayores cerraban circulo alrededor de ella. Consumían hierbas alucinógenas que los inducían a un trance en el que recibían respuestas. En medio de una cortina de humo veían descender a un pájaro que vomitaba dos figuras que departían con Magali. Cuando el gran pájaro alzaba su vuelo, la hechicera tenía respuestas. Nunca se habían permitido los cultivos. ¿Por qué el tercer poblado disfrutaba de ese privilegio?
Las cazadoras sentían una honda preocupación de que los jóvenes quisieran respuestas.      
Estarían atentas a la formación de divergentes. Más tarde hablarían con Arlet para ver de dónde salía esa raza negra. Sabían de su existencia porque hacía unas estaciones que los guías les avisaron de su visita y de la conveniencia de mezclarse con ellos. Tendrían paciencia, las parejas necesitaban tiempo para conocerse.
Adher reclamó la atención de Berta. Se sentía cansado con tanta responsabilidad. Ser los anfitriones, aunque todo el mundo ayudara requería de mucha atención. Se retiró a su choza y Berta se despidió de Edna para seguirlo.
Claudia Ballester Grifo.

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