VUELA.
Encerrada en tu soledad, aislada para protegerte de un virus que asfixia y mata con crudeza.
Con esa caja de cartón que te aisla de gente, Internet y abrazos de familia.
Sin ojos que ver porque no dispones de un balcón ni una salida de puertas abiertas.
En el frío de una sombra que acompaña tus días y no da tregua.
Se oyen rumores de unas horas de paseo con la caricia del aire y el rubor del sol en tus blancos pliegues.
Se oyen murmullos de una salida de esa cárcel que mina tus huesos.
Soledad de patio en su hora de recreo. Seguirás en tu caja resguardado el tesoro de un abrazo y un beso.
Riega el cerebro temores varios.
¿Qué hacer?
Las ganas de vida social abraza con lazo de colores y tienta más que la misa de consuelo televisivo.
Tiran las ganas escalera abajo o de puertas en llano. Asomar un dedo aunque sea que se vista de nuevo y regale un día de lado.
Valoremos el riesgo y que salga el que sufre ahogo por no tener un ruiseñor que arrulle su llanto.
Qué arriesgue quien muere, sin aliento en el alma que acompaña su sufrimiento.
Solos en la calle tirando del que pose su andar errando. Carro de compra o andador que ampare sus pasos. Pasos de muñeca, hueso seco después de tanto sedentarismo obligado.
¡Cuidate abuelo de nuestros días!
¡Vive abuelo adorado!
Claudia Ballester Grifo

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