lunes, 11 de mayo de 2020

CRISTAL.
A través del cristal, túnel de mi tiempo me sumerjo en un bucle de torbellinos negros.
A través de la luz que atraviesa lo diáfano de la claridad, las enredaderas verdes llenan de humedad las oquedades cimbreando un mundo de inquietud y perplejidad.
A través del parvulario de colores silenciado por necesidad, se elevan fantasmas de risas, cuna de la  tercera edad.

Necesitamos medidas para aliviar la agonía de unas mentes que no entienden de soledad.
Lo que no mate la COVID19 se lo va a llevar la tristeza y el abandono de mentes que solo entienden de abrazos y besos, cariño tangible de hogar.

A través del velo de la solidaridad, no sólo de pan vive el hombre, la espiritualidad no es un asunto vanal.
Trabajemos los aspectos humanos y encontraremos sanidad.
Trabajemos el espíritu y en el amor hallaremos la caridad.

Reencontremos los caminos para disfrutar del viaje con equidad.
Lleguemos en remanso río a cálidas playas con baño de sinceridad.
Qué la sal alimente el brío y las olas besen los sentidos, ansiosos de un baño de libertad.
Nadando todos hacia una isla de misericordia y amistad.
Todos hermanados por el interés de vencer al enemigo que es uno y nosotros somos más.

Las réplicas sometidas, nuestras voces no son una singularidad, pero radica su fuerza en esa maravillosa pluralidad.
Los fallos se enmiendan entre muchos, retazos que enriquecen la estrategia en una batalla que con sus errores puede una guerra ganar.

¿Es tanto pedir un poco de dignidad?
La confusión no permite ninguna claridad. Si no hay transparencia, si no vestimos tela de verdad, el mundo será menos mundo, sembrado de hambre y mortandad.
Qué no nos confunda el miedo. Es tiempo de valentia y de moderar hacia dónde dirigir los pasos, con quien avanzar.
Claudia Ballester Grifo

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