lunes, 25 de mayo de 2020

CELESTE Y LORENZO


Se retira Celeste, silente y gran dama. Desaparece la estela de su luz azulada.
Relentiza su movimiento para clavar su mirada, girando su plateado rostro para ver al dorado que ama.

Se eleva su mirar de cristal, lágrima de desesperanza. A través de sus lagos se acerca el que caldea sus ansias. Lorenzo se alza en su carro de fuego, fustigando las lenguas que buscan un mirar tan bello.
Lame el haz la ausencia que deja la dama, acaricia la orilla de su manto. Cierra los ojos la luna, el reflejo del amor  titila en las estrellas, quietas, en su remanso.

Corre el sol azuzando a sus caballos. Relinchan briosos, aceleran su trote, cabalgando el espacio. Gira el rostro la luna, de reflejos dorados su cabello de plata pura. Arden sus pestañas de carbón aleteando aires y brumas, se aleja taciturna, trasnochada y vacía.

Vuelo de azul y rojo. Aumenta el pulso del trinar de los estorninos que hablan a la historia y perpetúan el cuento.
Miles de voces claman a un penar cíclico. El amor entre el sol y la luna, un beso ahogado en la quimera de un sueño.
Claudia Ballester Grifo

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