CISNE NEGRO.
Se despliega la luz en la estancia.
Juegan los corpúsculos
cabalgando en los colores
que se derraman en el suelo
bruñendo un espejo
de encerado que ahuyenta
el sueño.
Bosteza el estiramiento de
un cuerpo.
Se limitan los movimientos
por una fina ligadura
que confina los libres gestos.
Hilos que sujetan y no vemos.
Giros de marioneta que golpean
el cuerpo,
producen náuseas,
mareo y desconcierto.
Marionetas de carne y hueso.
Almas encerradas en un corcho
que se apelmaza en seco.
Se encartona la crítica
de tanto despropósito.
Deshidratan las lágrimas,
derramadas en un lago
sin retorno.
Danza de velo corto.
Gemido de muñeca.
Silueta de un cisne negro,
alejándose en el agua
que nos da vida a todos.
Estela de una mirada,
bajando la persiana
de sus ojos.
Claudia Ballester Grifo

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