LA ESPERA.
Desmayada en la barra de un bar. Cruzando la frontera de la espera. Aliento que cruza la puerta en cada vista que furtiva se aprieta.
Mirada de soslayo, trampeando la lectura de tinta negra.
Se acerba la atención en el noticiario, la mente divagando otras arenas.
No puede girar más lenta la aguja que clava su fuga, ni aguanta el pulso el que ve congeladas sus quimeras.
El cortado pierde su calor en la historia de una cita que no llega.
Se divagan cuentos y secuestra el azucarillo una cuchara en huelga.
Muerde el traperio un murmullo de repetidas celadas sin respuesta.
Es la norma, levantar la vista en cada roce que cruje la franela de la puerta.
Languidece la tarde luciendo sábanas de raso, blancas, de novia.
Es el azul el que aparece como fulgurante láser que destella, apagando los bríos de la duda que se adueña.
Fija la mirada en la sonrisa que se acerca. Brasas que se arrugan en el periódico que como humo exhala.
Se ahogan las horas en un naufragio de época y aletean nuevos bríos con las golondrinas de la inocencia.
¡HOLA!
Y con su voz se derrite un mar de olas bravas.
Un sunami de estrellas explotan en el encuentro de un sol con su luna adorada.
Marte derrite su rojo y Saturno regala sus anillos de hielo, templando su alianza.
Él la mira y ella desborda la fragancia que la esclaviza, nunca la espera fue más grata.
Claudia Ballester Grifo
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