jueves, 7 de mayo de 2020

MEMORÍA.
Me gustaría vivir en el sueño de un mañana de abrazos y sentir la brisa marina enredando en mi pelo.
Llevo 6 años sin pisar la arena del mar por mis problemas vasculares. Estoy muy limitada en mis posibilidades y comprendo el sentir de la gente. He aprendido a vivir confinada y muy limitada desde hace 25 años. Estoy hecha y he sobrevivido precisamente a mi facilidad de adaptación.

No pasa nada. Es un mantra que se debe repetir el que siente miedo. Se puede abrazar sin contacto y besar la huella del aroma que trae el viento. Se puede arrullar el amor que de tanto quererse se arremolina y se desplaza hasta por el desierto. Se pueden romper las cadenas que nos esclaviza al miedo y sacar de lo bueno lo más óptimo. Se puede volar cubriendo las cumbres y oteando el rizar de las olas lamiendo un beso.

Me gustaría soñar que soy pluma y me desplazo sin peso. Juego con las nubes y escribo en un lienzo azul palabras de aliento. Llueve su tinta y abraza la tierra y a su gente que sedienta alza su mirada al cielo.

Me gustaría caer en un mar abierto que me empapa con su agua y me cura con sus sales. Disfrutar del sol como un padre que acaricia mi silueta ligera como el aire. Nadar sobre su superficie y a merced de las corrientes aventurarme en el capricho de un viaje sin pensar ni pesares.

Me gustaría ser respuesta para colmar las dudas y aclarar temores que no encuentran madre que los acune.
Ser sonrisa en los semblantes  de plástico que sin arrugas que los flexibilice se ahogan en un estiramiento estanco.
Ser la madre Luna que penetra en los dormitorios de un soñar plácido. Un collar de estrellas de estela que ilumine un gozar seguro y calmo.
Claudia Ballester Grifo

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