COHETE.
Me siento cohete que bulle por dentro. Explota en su cola y asciende con la rectitud que programa su adiestro.
Disciplina de muchos, ingenio de otros. Sabiduría conjunta para el programa del universo.
Alcanzo altura y en febril carrera voy desoyendo el mantra que se repite en un holocausto de medias verdades, bulos oficiales, desdibujando una historía de muchos libros impresos.
Se desprende la cola y olvido en ella esas garrapatas que empozoñan mis sueños. Aumenta la temperatura para la desintegración de la rabia que azota mis músculos en paroxismo de miedo.
Desintegración de la escoria que contamina los principios de la mirada abierta abrazando los ánimos. Humo sin vista ni secuelas que se automutila para bien de los ateridos de tanta fría ignominia.
Sube la nave alcanzando su honra, navegando unos mares de silencio en los vahídos de la misericordia.
Rosario de complacencia que relaja los estímulos sin gravedad que nos de fuerza. Tesitura de un tiempo que no marca aguja en su inocencia.
Detritus de mentiras, estadísticas engañosas, tirarse las culpas para luto de todos y lágrimas de impotencia.
Suena el silencio. Cierro los ojos y me sumerjo en una nada que me aleja del infinito, tocando el vacío, rasgando el agujero negro.
Claudia Ballester Grifo

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