VISITA CONCERTADA.
Mirando tus ojos a pesar del embozo de la mascarilla, veo la luz de tu mirada acariciando una sonrisa de simpatía.
Visita concertada,espejismo de un sol que nos alivia. Reposo entre dos días de agua vertida y agua que se avecina.
Llegué nerviosa tras dos meses de encierro, hogar de mi seguridad, templo de mi alegría.
Llegué de la mano del compañero de mi vida.
Me recibió un centro vacío, un ambiente espartano y limpio.
Llegué, entré y se escribió mi destino.
Se ha acotado la solucion para mi desatino. Se arreglará, al final, lo que pintaba mal en su inicio.
Gracias a mi médico, el vascular de bata blanca que me dio esperanza y la llave de mi confianza.
Cabalgan las nubes, soplando el viento que dibuja un mensaje en negrita destacado. Aquellos luceros negros abren lagunas y océanos enteros. Baja el cielo besando la novia de sus encuentros. Esa tierra redonda, preñada de hijos que amamanta con Leche, tocada con hinojo.
Azul lloroso de agua pura y nítida como el sentir de una madre o la bondad del médico que nos ayuda con sus gestos a seguirle por la rosa del viento.
Mirada entendida, sabia y dispuesta, nacarada en su brillo, fulgor de fuego.
Vuelta a casa, certeza de encierro. Los pájaros duermen, preludio de un sueño.
La calma me cubre con su manto de incienso.
¡Fuera la mordaza! La mascarilla se muerde, destripada en un cajón, fin de su momento.
Claudia Ballester Grifo

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