ROSA NEGRA.
Lagarta es la palabra que utiliza el amo que la asfixia para que escupa falacia y mentira.
Yugo del que estruja el jugo del que derrama bilis, verde, pero no de esperanza.
Tal vez acompañe el pardo, cercano al marrón tierra de nadie.
Impactados están los oídos de chanzas y bravatas.
Vergüenza del que ocupa gobierno y se mantiene en pelea de gallos, pujando por el que gana.
Sonríe la vileza de mirada sarcástica, descolgado carrillo de flaca tersura que másculla, empuja e insulta el decoro y la diplomacia.
Se atropella la escalada de escándalos que apostilla una crónica de democracia sectaria. El que tiene el poder lo usa con los ojos del que lo alcanza. Es tiempo de que alguien le repita que el que gobierna no pide cuentas de lo que pasa. Es él, el que rendir debiera, asuntos de tan gran importancia.
Tiemblan los tribunales las reyertas de una política que no se aclara.
Pesan los muertos y lloran las familias solas y desconcertadas.
Nadie ayuda en un torbellino de causas. La deriva indolente detrás de una, otra, otra y... No se acaba.
Control de redes, televisiones y prensa. Tenazas que aprietan, estrangulan y cortan.
Llora la rosa de negro luto. Se poda la savia que alimenta el rosal para que el esqueje se mustie, se rinda su cuello, deshidratado por el agua que se reduce.
Claudia Ballester Grifo
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