viernes, 29 de mayo de 2020

ANESTESIA LOCAL.

Pensé que se podía rezar cuando la tensión atenaza el cuerpo.
Pensé intentar varios principios sin proseguir ninguno.
Pensé repetir el circuito, rindiéndome a un techo de cal que se abría como un mundo.
Pensé adentrarme en el lienzo para dibujar figuras amables. Descubrí la sonrisa de una luz, argenta y distante.

Rendida al látigo que se levanta, muerde el dolor pidiendo disculpas por su mala cara. Cierro los ojos y me precipito en mi silencio de flores. Esa música de color que empalaga mis sentidos y que, por momentos, me traslada a verdes y olores.

Escapo del tedioso encierro de ese momento cruel, amigo que no busco.
Aferradas mis manos a la mesa, siamesa de mi espalda.
Aprieto y aprieto... Espejo de metal que me amordaza.
Vuela el ángel de mi mirada, adormeciendo un cuerpo
que se eleva y viaja.

Claudia Ballester Grifo

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