HISTORIAS DE LA POSVERDAD.
Marta se despertó con el sabor de su último vino. La fiesta había bailado toda la noche y amanecía cuando abrazó su almohada.
El sol alcanzaba su cenit y se estrellaba contra sus ojos produciendo una terrible jaqueca. El zumbido del móvil la sobresaltó. Tenía hora en el ambulatorio para ponerse una vacuna. Tiempo justo de darse una ducha y tomar algo.
Dejó correr el agua caliente sobre su nuca. El jabón ahuecaba sus dedos masajeando el cuero cabelludo. Las imágenes se le cruzaban como flashes. Los amigos cerrando filas con ella. Ya era doctora. La vida le sonreía y ella se sentía muy agradecida.
Enjabonó su cuerpo con aromas de fresa y dejó que el agua,más fresca, le ayudará a despejarse.
Se ciñó unos vaqueros y un básico rojo que repicada sobre sus mejillas encendiéndolas como amapolas. Se ató sus Converse y dejó que su largo cabello secara suelto.
Aseó la habitación y se preparó un bocadillo de jamón y queso. Tragó un analgésico con el zumo de naranja y tras lavarse los dientes cerró la puerta de casa.
Puntual a su cita, las buenas tardes le sonreían en la cara. Aguja subcutánea en perfil de plástico. Aséptica sustancia que se inocula por prudencía sanitaria.
Con un rápido y eficiente movimiento la enfermera le deja un algodón con alcohol y Marta se despide resuelta.
10 años después, Marta está sentada en su consulta atendiendo a una pareja joven que intenta formar una familia y no hay manera.
Las pruebas confirman la esterilidad de ambos. El golpe es brutal. La pareja se abraza conmocionada mientras la doctora les habla de otras posibilidades. Un día más de malas noticias. Ha visto derramar tantas lágrimas...
Volvió a su casa rendida. Hugo la recibió con la cena preparada y una copa de vino. Sus miradas se encontraron como cada día, reforzando las ganas de su tiempo.
Se fueron a la cama de puntillas, deslizando sus cuerpos entre sábanas de raso celeste. Él besó su frente, ella se acuclilló sobre su lado. No tenían hijos, eran infértiles. El mundo sufría una pandemia donde la natalidad era un milagro.
Claudia Ballester Grifo
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