sábado, 30 de mayo de 2020

LLEGASTE.
El vacío de mi soledad abrazado a la esperanza.
Piso de alquiler, despacho alejado del hogar y la añoranza.
En sus lisas paredes, descarnadas y tristes, descuidadas; se planeaban ilusiones y expectativas de un mañana.
Convivía la juventud y las ganas con los retos y desafíos que la vida entregaba.

Estancía desolada, parca en muebles, espartana.
Colgaba el frío con temblor de escarcha,
en un invierno crudo sin fuego que caldeara la llama.
Desolación en guantes de lana, soplando las manos el fuelle del ánimo que se crecía  con la desgracia.
Ingenua, colegiala del destino que se presenta sin llamar a la puerta, desconectado el timbre de su alarma.

Rozó el amor con abrazo dudoso, bailando una melodía que se escribía a tiempo.
Brilló la timidez en su sonrisa, caldeando la desnudez de una vivienda sin vida.
Llegó el rayo cabalgando su belleza, luz que invadía con decisión sin medir fuerza.
Se hizo regalo el hombre para llenar el vacío del hielo, cuajando el beso en el vaho de su aliento, en el crepitar de su mirada.

Llegó la primavera luciendo de verde el calado de sus lienzos.
Inundaron los trinos las cestas de alegría.
Abrieron los toneles, grifos de tinto, sabor a la madera de sus barricas.
Ya no llora el corazón soledad baldía.
El amor perla las frentes, orillan las flores dos manos que se buscan.

Claudia Ballester Grifo

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