jueves, 28 de mayo de 2020

         EL CIELO ENAMORADO.

El cielo es un galán de blancas barbas
y mirar de un azul pastel meloso.
Son los botones de sus ojos,
hematites briosos que refulgen
del frío gas del cosmos.
Se enternece el punto candente
del centro que se levanta,
sonríe la vida y a su gente.
Estrella que lame con sus rayos
la alegría del deambular
de una moza, en especial, que
interesa al que la ve sin hablar.

Se desligan las hojas del nudo
de su abrazo.
Amarillean las caducas desmayando
su manto.
Corre la zagala crepitando su paso,
estrujando la alfombra que le
procura el otoño, cómplice
del enamorado.

Las lágrimas de las nubes
besan su cabello dorado.
Trenzan los hilos de oro
trinos de jilgueros y prestos
gorriones con armónicos cantos.
El zafiro de sus ojos
miran lo alto.
Se deshacen las perlas de su aliento,
devolviendo su agua
al firmamento sediento de su
amor y encanto.

El galán sufre de amores.
Pena el deseo de una mortal
que acaricia con sus brisas
y besa con la intimidad
de la luna en sus balcones.
Le habla con las caracolas de
sus océanos,
arrullando con el coral
de sus mejillas,
carmesí de inocencia,
la plegaría de mil intenciones.

Danza la joven entre los
olores de las castañas,
dirigida por rumores
de olas, perdida en el horizonte.
Lame el cielo el acero del agua
en su hora de sueño,
en el misterio de cielo y mar.
Baña el líquido la frente adorada.
La noche se lleva a la bien
amada.
Con su gabardina de otoño,
con el rizo de su pelo...
Agitando la vida entregada.

Claudia Ballester Grifo.



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