domingo, 24 de mayo de 2020

             COLORES.
El día se levanta con una paleta de colores. Quiere pintar con pinceles de calibre diferente. Afinar los trazos para resaltar o mimetizar posturas y posiciones.

Se desesperezan  los músculos y se alivian las tensiones. El lienzo es amplio y las vistas espectaculares.
La belleza rutilante del artista alimenta versares que confieren a la pintura, bondades.

El azul para el joven que arranca con la fuerza de mil mares. Se deleita con la música que encabrita sus expectativas y le empuja a la velocidad del rayo, estallido en el pulso de sus andares.
Vitalidad del empeño, ilusión intacta en sus telares.

El amarillo para los maduros. El brillo alimenta sus necesidades. Van perdiendo lozanía y se amparan en aceites y vanidades. Piensan con la razón lo que el corazón ya no consiente.  Pierden espontaneidad aunque alguno se rebele.

El gris para los ancianos. Sencillos y amables se deslizan por la vida comprendiendo y escuchando. Afables ante la mirada de los que compadecen sus pasos. Primera línea para abrir cielos que otros recelan y miran de soslayo.

El morado para los tristes. Están en todas las parcelas de la vida. Su sonrisa se desprendió del queso de su cara y se diluyó en un lago de nata.
Se puede ligar y ser montada. Se puede acompañar de azúcar y endulzar una etapa amarga. Pueden reír los ojos y difuminar de añil las ganas.

El verde para los de la esperanza. Los que no se entristecen por lo que no tienen, pero saben mirar a través de la ventana. Los que visualizan en el mañana expectativas nuevas que van ligando el trabajo diario por el que se afanan. Luchadores natos. Dueños de sus sueños, sol de la mañana.

El marrón para los ansiosos y deprimidos. Los que se esconden detrás de la puerta y no enseñan la cara. Hablan a media voz por no despertar a la fuerza que les saque de su zona de confort, la tiniebla que los encadena y los atrapa.
Viven de energía de otros, vampiros de vida de inocente gallardía, pero mirar desastroso.
Necesitan ayuda y muchos, siendo escuchados, son rescatados hacía un crema más calmoso.

El negro para el luto. La pérdida del amigo, del hermano o del trabajo.
La ausencía de lo querido o la enfermedad que ha llegado. El impedimento para seguir la vida tal como la queríamos ir llevando. El truncamiento de expectativas, suicidio de sueños arrebatados. Lo opaco arrancado al diáfano amanecer que se deslizaba con un suspiro ahogado.

El blanco, sin duda, para la niñez. Luz, frescura, encanto. Alegría en todas las etapas, balbuceos, primeros pasos.
Manitas de caricias livianas y tersas. Aura de sonrisas de babas graciosas.  Parloteo de vocecillas de alas dispuestas, se alzan a los cielos llevando nuestra atención y vida entera.
Ángeles de tierra que amenizan con su lira las melodías de nuestra cuerda.

El rojo para la pasión. Los locos de amor de todas las tonalidades que ven con flechas de Cupido la vida con destello. Se hace fácil lo difícil y te mantiene en una chispa de corriente continua, vals eterno. Vida a la vida, resucita al muerto. Restablece la confianza del que se hubiera perdido por el huerto.

La paleta de colores es un motor móvil que atrapa o refleja según el momento y la casualidad. El pintor la utiliza y si es la vida la que debe pintar que sea el amor el que dirija el pincel con verdad.
Demos tiempo al cronos y paciencia a la humanidad.

Claudia Ballester Grifo

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