Se relame la tarde la duermevela de un estómago lleno y una partida de cartas.
Cabezadas somnolientas de ojos que achispan y bajan el telón de sus armas.
Sopor de brisa que baila la cortina y embelesa con su gasa. El trinar de las avecillas siempre en comparsa.
Detalle de un tiempo, fetiche del que persigue sin causa.
Rueda el asfalto la marcha opaca, del que se desliza en un velcro de cinta gris y parda.
Rueda la fusta en la olla de la bruja.
Se mueve el embuste y la farsa.
Desgaste de dientes en rosario de esperanza, en un veneno, bazofia de la política nefasta.
Bruma que ciega lo diáfano de la luz deseada. Oquedad en la sombra del que insulta porque puede, sin palabra.
Vergonzosa artimaña de prostíbulo de las más altas finanzas.
No hay vergüenza para quien no la siente y se alimenta de su bonanza.
Mente clara, lengua difusa, bífida y reptiliana.
Llora el sentir sus horas paganas. Se derrama la sangre de la política nacida desde la cuna de la gracia.
Sonajero que alienta y remueve ímpetu y esperanza. Biberón y peluche que creció con las ganas.
Queriendo ser ayuda se convierte en amenaza el que toma su cargo como matarife y a su pueblo no guarda.
No hay tanto pañuelo para desborde de lágrima. Es una traición tener que oír bravatas de colegio y patio de trenzas y guiños al cuento de la ignorancia.
Calle el cielo y ruja el bravo mar en su danza.
Batallas y guerra que se gana en las jaulas. Es el parlamento un vicio de pistolón y tableta de Mafalda. No río las ganas de tanta imbecilidad, sueldos escandalosos y en el ruedo, estocada.
Claudia Ballester Grifo

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