VIERNES.
Mírame con esos ojos de cristal que clavan cuchillos en la adormidera de mis sentidos.
Mírame con la profundidad de una desinfección pulcra,
con la profesionalidad del culto a un cuerpo dormido y reducido.
Mírame con ese estatus de amo que prodiga a sus pupilos y los lleva de la mano como formadores de su estilo.
Rendida a tu maestría y al púlpito de tus libros.
Manejada como marioneta flotando en un mundo de fluidos.
A la deriva de agujas y de pesadillas de sueños mal digeridos.
Alargando una tímida mano a tu estima de padrecito, ayuda a esta niña que vuelve al redil para reverdecer el trigo.
Mírame y arrebuja el miedo que desprende el nervio de mi sonrisa, que pide auxilio.
Relaja el rictus de tu plomo y derrite el muro que me lleva con los ojos vendados y desnuda de pies y destino.
Maneja tus herramientas con ligereza de galeno y que sea el aliento humano el que repliegue la calma de mis recelos.
Madrecita de mi vida, vela encendida en el viernes de mi pesadilla. Ayúdame a llegar libre de presagios y de noche oscura.
Qué se haga la luz después de mil tormentas, ciclones y ventiscas.
Qué amanezca la calma, hija de flores y sol de alborada tranquila.
Claudia Ballester Grifo
ME OPERAN EL VIERNES.

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