¿Te acuerdas,
amor?
Tú susurrabas palabras a mi oído.
Cálido llegaba el sentimiento mutuo.
Se paraba por un segundo el latido
apretando su paso en los siguientes recorriendo el minuto.
Se creaba la magia con solo presentir un quejido.
Temblando como una hoja quedaba el cuerpo mio,
de tanto apretarlo para que no huyera contigo.
Apenas un roce de una mano tropezando con la tuya,
descarga eléctrica de alto voltaje
con resultado de espasmo y
la sorpresa prendida de broche.
Una mirada quemando el aire,
un fuego iniciado sin reproche.
Un te quiero no pronunciado,
un instante...
¿Recuerdas el hilvanar nubes por encima del océano?
Panorámica suave como un arrullo.
Aguas mansas de lluvia fresca,
bailando muy juntos, desafiando el horizonte.
Calmando esas ansias con el temple de un sacerdote de Zeus
blandiendo el secreto de una vestal.
Claudia Ballester Grifo

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