Volando en la nebulosa de la ternura.
Una mirada amable, la sonrisa de un niño.
Una mano en el hombro, un susurro percibido... Qué bella es la vida en un jardín florecido.
Nunca el cielo brilló tan pulcro como cuando el corazón golpea el pecho, tambor enardecido.
Rasgan las liras un aroma lírico, blanca túnica de letras y pergamino.
Los gorriones surcan plazas y conquistan cornisas.
Tibios trinos de pluma limpia y tesón de armiño,
¡qué bonita la vida en su recorrido!
Qué limpio el aire, el azul, el guiño de la melodia en el cristal del río.
El nenúfar abriendo sus manos de alabastro,
el agua meciendo su recorrido,
acunando la sorpresa de un día abierto al destino.
Alegoría bucólica de ninfas burlando la conquista de su sátiro.
Huye la inocencia de la intención y del agravio.
¡Qué bella es la vida! Risas, juegos y contactos.
Huellas en el camino, rastros de magia,
cuentos y escarcha soplando vientos helados.
Risas y risas corriendo los prados.
Viva el verde y su manto dorado.
Los guijarros del río plañendo su canto,
los peces bailando y las burbujas de la cascada en su mortal salto.
Dibujo de rosa, azul, verde y blanco.
Amarillo siempre destacado.
Luz y polvo, camino andado.
¡Viva la vida que me ha dado tanto!
Claudia Ballester Grifo

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