Qué bonito sería abrir las puertas de mi alegría para cerrar la sombra y la tristeza que se cobija.
Qué bonito abrir mis brazos y fuerzas potentes que arrastraran miseria y penuria.
Ser un sunami de emociones que como magistral payaso dibujara sonrisas,
reverdeciendo verdes prados bordados de amapolas amigas.
¡Qué bonito sería!
Qué bonito diseñar colores que alegraran los días,
montar en un cohete plagado de emociones y fantasías,
subir muy alto hasta encontrar la calma y sabiduría.
Y, allí en el silencio de la cordura,
pinchar donde más duele y sacar confeti de lluvia.
Reírnos de lo que nos abruma y escampar en humo el lastre que nos enferma y perjudica.
¡Qué bonito sería!
Qué bonito sería amarte sin ataduras,
volar como el aire, caprichoso en sus idas y venidas,
rutilante y poderoso cuando viste de viento y te busca,
brisa cariñosa acariciando la necesidad de tus grandes ojos y tu mirada taciturna.
Qué bonito sería ser diosa Fortuna y regar tu maceta con agua bendita,
abonar tu tierra para que creciera la poesía,
sembrar en tu corazón una esperanza,
llenar tu cesto de vida.
¡Qué bonito sería?
Ser luz... La luz que te guía.
Claudía Ballester Grifo

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