lunes, 16 de noviembre de 2020

EL HALCÓN Y EL LOBO


Me siento pequeña en un mundo grande. 

Entusiasta del sol que me tutela,

de la brisa que me llama por mi nombre,

del bosque que me encierra. 

Peregrina en un horizonte cubierto de estelas,

navegando en el azul, surfeando sus olas. 

Volando sobre rosas encendidas de un rojo de aurora. 


Me siento fuerte y aguerrido, mirada de noche eterna. 

Vagabundo entre senderos de pinos, abetos y chaparras. 

Pisando crujidos de huellas entre la hojarasca adormilada. 

Desafiando los vientos que doblan copas maltratadas. 

Amarillos faros de noche, de orejas disparadas. 


Me llamo halcón peregrino, repliego mis alas cuando duerme la noche sus horas veladas.

Vuelo mi día soñando un amor que prende una luna helada. 

Un espectro de duende que viste el dulce que me regala. 

Una mirada de miel que me acompaña en mis horas solitarias. 


Soy el lobo aullando la luna en su pedestal de plata. 

Lejos muy lejos de mi amada,

vibrando cada pulso hasta el momento de alcanzarla,

ansiando su embrujo de alas perfumadas. 

corriendo vastos parajes con la mirada perdida,

buscando en las alturas la primera luz de su presencia. 


Besa el alba la noche fría. 

Irisados colores de fruta madura. 

Dos miradas se cruzan, se sienten y se estiman. 

Dos fuegos rodando sus perspectivas,

lanzados en un encuentro de intensidad superlativa. 

Y mueren y ríen y se disfrutan. 

Halcón y lobo, pasión infinita. 

Ella la luz del día;

él su derroche, la noche, misterio y aventura. 

Por un sueño, mujer y hombre 

para hacer el amor en un instante cada día. 


Claudia Ballester Grifo.


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