jueves, 12 de noviembre de 2020

EL ESPEJO

 

Me miro en el espejo y el reflejo me devuelve una sonrisa que fluye de dentro. 

Mirada analítica buscando secretos, afluentes en la piel desnuda a la lupa del tiempo. 

Curioso el vehículo recorriendo valles y recovecos, cuevas oscuras de mar muerto. 

Pliegues deshidratados de amarguras y desencantos. 

Cejas despuntadas de tanto sobresalto. 

Se achican los labios de mucho apretarlos. Agrietados y finos de piel de cebolla abrigados. 


Me mira el espejo dulce y calmo. Me devuelve una sonrisa de melocotón almibarado. 

Mirada enamorada descubriendo los encantos de una piel suave, aterciopelada de hermoso tacto. 

Ilumina la luz un retrato, fantasía de un tiempo y un espacio. Un alma que aflora por el mirar bello del otro lado. 

Rejuvenece la vida de quererla tanto, 

brillo en los ojos de luceros atrapados,

fresas besando el influjo de un bello canto. 


El espejo es mi amigo. Le ofrezco la mano. La sonrisa se comparte y la magia acude presta al contacto. 

Un roce de los dedos, laxitud y encanto. 

Ya los ojos se miran en un lago extraño. 

La bruma jugando con el vaho,

se cierra la cortina del cuarto de baño. 


Claudia Ballester Grifo


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