Esos ojos de cielo que se fuman con pipa en la línea delgada del suspiro de la nube deshaciéndose en bruma blanca.
Esa mirada que de pronto encontró mi mirada,
esa sonrisa de cereza dibujada.
¡Ay! Esa chispa atrapada en un flash sin querer ya soltarla.
Esa mirada, esa... Recorrió mi cuerpo directito a mi alma.
El concierto del cuerpo compone sus óperas más arias.
Soplan los flautínes, desgarra la lira solitaria.
Las negras del piano a caballo de las blancas.
Las cuerdas de la guitarra llorando melenas lánguidas,
desfilando los violines, de esmoquin y lazo por corbata.
Siendo los pingüinos los acompañantes de las damas.
Se enciende el fuego, romanticismo en la plaza,
tiempo de verbena, luz de farolillo,
cuerpos que se acercan y se hablan.
Huele a magnolia, cardos y juventud apiñada,
sofoquinas de sangría, melocotón y canela en rama.
Vaqueros de refriega y mucha falda.
Vuela la imaginación tras el ahumado cristal del brillo de tu mirada.
Esa mirada una noche alucinada.
Esa mirada... Sí, tu mirada.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario