Dulce mirar de mis ensueños cuando la luz despierta los sentidos.
En ese azahar de mi viento que arropa mi cuerpo y me traslada a historias de Alhambra, fuentes y mosaicos moros.
En esos leones enfebrecidos del mirar de tus ojos,
desnudando mis tules y versando los cascabeles en su baile rabioso.
El silencio de la noche, la suavidad de la espera desatando el sol del amanecer.
Se despereza el sol en su cama de agua. Saluda a sus nubes, besa el algodón de sus formas amadas.
Acaricia la piel de su alma y brilla, brilla y brilla para regocijo de las damas.
Sube, escalando obstáculos, tranquilo, pero sin pausa.
Galante hasta rasgar las lágrimas,
dueño del centro, posición destacada,
bebiendo del mar, comiendo de la ostra perlada.
Ofreciendo fuerza y ganas, un mundo de arcoiris, escalera de llegada.
Saltan los delfines, jugando con las olas,burbujas de alegría y reunión prolongada.
Surcando la bravura de una mar esmeralda. Acariciando su torsura, disfrutando de una libertad deseada,
sembrando el camino que marca una entrada.
Descalzos los pies, vestida de cama,
blanco satén, ardiente, hipnotizada.
Mirada de bruma, grises los ojos que observan en la distancia.
Revueltos los rizos que acarician la piel desnuda de arena y magia.
Enrolladas las olas, besando unos tobillos delgados, dirigiendo sus pasos al lugar deseado.
Lentamente, paso a paso, revoloteando las gaviotas, brisa, mar y canto.
El agua la lame, de pulseras algas de gentil tacto, arrullo ancestral de tiempo y cansancio.
Un aura azul la envuelve vistiéndola de horizonte y espacio. Dejo de ser yo para convertirme en espuma y ser absorbida por mi amado.
Claudia Ballester Grifo

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