No me llores, corazón que se me parte el alma.
Mira que esos ojos de cielo se diluyen en agua y se van buscando la mar brava.
No me llores, corazón que por ti muevo montañas,
escalo rascacielos y toco con mis dedos el sol que te alcanza.
Una palabra tuya es un todo en mi estancia.
Un silencio, un castigo con el que muere mi alma.
Un susurro caricia que me llama y corro seguro al encuentro que me marcas.
Un guiño, un dulce que me empalaga.
Una sonrisa,
¡Dios mio! Un mundo que ni en sueños vislumbrara.
Estás tranquilo, plácido en tu madrugada.
Llegó mi consuelo con el aroma de la nostalgia. Mi mano con la tuya, siempre abrazada.
Siempre... Siempre,
mantra que se queda escrito en la distancia.
Un cosmos por mundo,
tierra de almas.
Claudia Ballester Grifo

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