sábado, 21 de noviembre de 2020

UN BAILE


Suspira el sol una mañana fresca.  

Se despereza el despertar empujando estrellas, despidiendo una luna ya diáfana. 

El embrujo de la noche alimenta el recuerdo de mimo, brasas ardiendo en la chimenea del alma. 

Deshaciendo la luna en melenas de plata, hilvanando luceros, collares de gas y escarcha. 

Calor y silencio; rumor y nada;

brisa que mueven las ánimas en su baño de multitudes,

allá en el cauce de un río de esperanza. 

Cosmos infinito que con su fuerza atrapa. 

Voces lejanas de melocotón y loto, acariciando las arrugas de una frente preñada. 


Baila el esfuerzo con las ganas,

la música empoderada en un andamio de madera presidiendo la plaza. 

Tú y yo solos, tu mano enlazando mi cintura, 

vueltas y más vueltas,

escribiendo con tacón de aguja una pasión que nos supera. 

De largo la feminidad buscando tu gallardura,

negro charol rematando fino lazo su desenvoltura. 

Manos enlazadas, el fuego de tu mirada sucumbiendo al fuego de la mía. 


Chisporrotean las brasas ardiendo. 

Humo que empaña las nubes que extasiadas nos miran. 

Alguna lágrima cae perlando tu mejilla,

repica en mi cara, arrebola mis mejillas. 

Estallan los nimbos de calentura contenida,

llueve a mares inundando el baile y nuestra vida. 

En el suelo queda una rosa olvidada y un corazón que la cuida. 

En el cielo un arcoiris con una amplia sonrisa. 


Claudia Ballester Grifo


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