Y yo acariciaba el alma del día porque con su sol bailaba.
Sentía el arrope bravo de una energía envolvente que me subyugaba.
Amanecía en los brazos de la noche y medio dormida me desprendía del hechizo para soñarlo.
Y así, llena de alegría me enfrentaba a los miedos y vacíos que la vida me regalaba.
Hechizo de luna en mis noches calladas,
mudas sábanas de idilios y pasiones desenfrenadas.
Cristales rotos de noches ensoñadas, recomponiendo a poquito el puzzle de mis ganas.
Noches largas, dulces soñadas.
Noches de vida, hambrientas de cariño y mendigando las ansias.
Los sueños no entienden de convenciones etiquetadas.
Libres y ufanos escalando montañas,
sin moral ni lo contrario,
purgando letras sueltas contando quedadas.
Y allí me tienes en lo más alto de la montaña,
recorre el camino, te espero... No es fácil... Una escalada.
Claudia Ballester Grifo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario