lunes, 9 de noviembre de 2020

ENCUENTROS


Ha venido la luna a visitarme. Se ha traído su luz azul para calmar mi blanca noche. 

Me ha acariciado con su hermosura y hemos platicado hasta el derroche. 

Una indigestión de melodías arañando la rosa de mi pecho,

enraizada con su lira,

notas bailando letras en magno concierto. 


La dama acomoda su bata de boatiné en mi desconsuelo. 

Abrazada a la almohada, mirada al cielo. 

Su mano y la mía padrenuestro de aliento. 

Llora un río sediento la calma de un mar 

hipnótico. 

El influjo de una cara llena arrastrando la marea,

una sonrisa perdida barriendo olas que se acercan y te besan. 

Una orilla de ocres y tibieza. 


Los ojos cerrados siguiendo el influjo travieso. 

Huele a manzana dulce y mar,

mi piel y el calor de mi cuerpo. 

Siento la compañía del latir del tiempo,

pasando las quimeras rozando el tic tac inquieto. 

Las ansias juguetonas de un despertar nuevo,

el roce de una brisa vislumbrando la aurora,

claridad con la que se diluye la mano que agarró la noche. 


Un gorrión es testigo al abrir mis ojos. 

El relámpago de la luna emigró con el generoso sol que la protege. 

Se queda mi vigilia con el trino temprano,

en el cielo una luna besando un sol castaño. 


Claudia Ballester Grifo


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