lunes, 2 de noviembre de 2020

EL RUISEÑOR Y LA NOCHE


Duerme la noche arrebujada entre la sábana de sus estrellas. 

Cierra los ojos de luna llena y descansa sobre un lecho de nubes, grácil dama bella. 

Sueña asuntos de mortales. Crea estelas que alimentan luces y pasiones desvelan. 

Mil almas pendientes de ella. Corazones anhelantes que permutan sus sentires en la imposibilidad de sus albores. 


Duerme el galán su sueño más profundo.  

De nada el lienzo de su despertar. 

Le robó sus sueños la magia narcótica de un reposo disciplinar. 

Queda imprimido en su sentimiento un dibujo de un color que no puede acertar. 


Es el día su aliado. La maravilla de un sol jugando en el alféizar de la ventana,

coqueteando con unas flores que apenas desperezan,

tornasolando unas plumas que aletean el horizonte. 


Es el ruiseñor su amigo. Arrullo cálido y persistente que tiende en extensos hilos el refulgir de telas blancas al sol blandiente. 

Es su canto melodía de jeroglífico que un corazón entiende y hermosea. 

Al levantar la noche se desprende de sus perlas, 

llueven preciosas en un bostezo que te despierta. 


Claudia Ballester Grifo


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