viernes, 20 de noviembre de 2020

NIÑOS DEL HAMBRE

 

Loca, me llaman loca porque miro en blanco y veo en la retina doblada. 

Loca por introspección y oír lenguas cavernáculas. 

Loca por sentir delirios de fronteras y tierras lejanas. 

Loca de confluir en un dolor que me cerca a horcajadas. 

Loca por ver niños de pupilas dilatadas,

pidiendo un trozo de pan con la mano negra de polvo y jornada agria. 


Mi pulso con el tuyo, rosa temprana. 

Capullo fresco, pimpollo que duerme la noche y el día alcanza. 

Se abre tu pecíolo, oliendo su fragancia,

despertando las miserias y pocas gracias. 

Pequeñas lágrimas del río que silencioso en su marcha, se propaga en su cauce como si no hubiera un mañana. 


Niños del mundo, huyendo de la guerra y la desgracia. 

Grandes bocas que muerden las piedras del camino mientras crujen sus entrañas. 

Blancos dientes, lagunas y luna clara,

pequeños e inocentes, fruto de hoja temprana y muy olvidada. 

Soldados del amor, armadura impostada,

niños de la noche y de la primera luz del alba. 


Y tú me miras, solo, pequeño, asomado a mi ventana. 

Carita de misterio, callado, pidiendo con la puerta de tus ojos atrancada. 

Con ese lucero de inteligencia que alimenta la supervivencia nata. 

Y tú... Mis lágrimas en tu carita de porcelana,

niño de la luna, mamá me llamas. 


Claudia Ballester Grifo


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