Qué difícil es hablar de amor cuando la angustia atenaza los cielos y quebranta las raíces de la tierra.
Qué difícil cuando el corazón se aprieta y ves volar bellas almas.
Qué difícil entre paredes blancas vivir el aséptico miedo de idas a ciegas,
el correr de pasillos, la lucha de enlazar nudos que sujeten el cuerpo para que no se vaya.
Qué difícil se hace llorar cuando no hay agua.
Se ha secado el acuífero que humedificaba los sueños y las esperanzas.
Nos hemos quedado secos de alma, volando tristezas mezcladas en humo,
deshaciéndose en la nada.
Qué difícil... Qué difícil no quererte, amigo que sufres en la callada.
Nunca el amor fue más libre buscando su espacio, sus ansias.
Revuelo de historias que conducen su mirada perlada,
manos enlazadas en la distancia.
Sol despierto en el cielo donando su energía,
bálsamo y calma.
Ruego de amor, aroma de casa.
A ti, divina figura de canas sabias,
a la prenda de una vida luchada,
a tu fuerza, empeño y ganas.
A tus risas y juventud pasada,
a tus sueños y logros,
a tu esperanza perdida por una pesadilla que invadió sin carta.
A tí, amigo, mis respetos, cariño y alabanza.
Claudia Ballester Grifo

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