Restallando en el foco de la tormenta tu imagen se aparece y me llama.
Lo hace en silencio, marcando un gesto en la mirada, sobrio y recto, blanco.
Tu imagen obsesiona mi calma.
Me giro y no veo, pero tu voz murmullo en la distancia.
Eres un fantasma.
Se abronca la tormenta, cortina de agua,
fuerte, fuerte, burbujas que nacen del asfalto y se ahogan abrazadas.
Cicatriz del tiempo rasgando la cara de un cielo macilento,
y un rugido de león buscando a su amada.
Se cruza el fantasma, mira la leona una figura descarnada.
Es un árbol herido y un guiño desde su rama esquejada.
Ella se acerca, roza el tronco reseco,
impregna su aroma agena a todo, a nada.
Reverdece el árbol agotado. El agua le sabe a gloria,
la leona le ha resucitado.
Brotan las hojas, vestido de verano,
frescas y jugosas para mirar al cielo confiado.
El cielo argenta, el terciopelo del verde sanado,
la leona sigue su camino,
un león bramando.
Claudia Ballester Grifo

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