lunes, 30 de noviembre de 2020

EN ESPERA


Con el rocío de la mañana tocando tu cielo,

sintiendo margaritas resbalar por mi cuerpo. 

Deshaciendo en humo el vapor de tus besos,

atesorando caricias y muchos te quiero. 

Viviendo un amor tan intenso que convierte en melodía mi vida por entero. 


Sentada en el banco de mis recuerdos,

respirando albricias y sueños,

llenando tu esencia mi mundo perfecto,

con tu barita mágica de arreglos y entuertos. 

Sola con mis pensamientos,

dibujando escenas de pasión y encuentro. 


Trino fresco alegrando la rama apagada por el invierno. 

Caricia de pluma cálida en la hibernación del silencio. 

simbiosis de dos seres necesitados de arrope y empeño. 

Hermoso azul envolvente en el tiempo,

replicando las once en el campanario del pueblo. 


Claudia Ballester Grifo



domingo, 29 de noviembre de 2020

DE BLANCO

 VIOLENCIA DE GÉNERO 

CLAUDIA BALLESTER GRIFO 

ESPAÑA


            DE BLANCO 


De blanco inmaculado la ilusión,

bella novia al altar, 

me creí tus sueños de amor,

tus abrazos de mazapán. 


Me miraba en tus ojos muriendo por tu mirar. 

Una sonrisa tuya, pétalo de mi versar. 

El vaho de tu aliento, corazones que brincando van,

un susurro tuyo, joya y talismán. 


Moría por tus ojos, tu sonrisa,

tu penar. 

Vivía cada sorbo de tu vida, 

bebía de tu manantial. 

Acicalaba tus días, las llenaba de vino y pan. 


Me emborraché de tus agravios, 

vértigo de palabras en proyectil,

hiciste de mí tu guerra,

¿qué fue de mi amor gentil?

Arrastrando mi rizos de seda 

por un suelo frío y hostil. 


Alzaste tu puño, miré la cuna con miedo y sentir,

mi niño dormía, tierno, infantil. 

Supliqué con lágrimas, 

por él y por mí, 

noté un fuerte crujido y el negro

se apoderó de mí. 


Claudia Ballester Grifo


A MIS LECTORES, MIS AMIGOS



A ti que me lees que conviertes mis días en rosas y risas. 

A ti que me miras con esas lagunas calmas que invitas a soñar con la luna. 

A ti, amigo y amiga que me llevas de tu mano y haces que respire aire puro y me brindas con un bosque en la ventana de mi vida. 

A ti, querido lector va esta loa con toda mi pleitesía 


Llenáis mis días con polvos de hada,

sortilegio de brumas y fantasías. 

Hacéis que crea en una poesía que acerca corazones y que merezca la pena, sin duda. 

Creamos lazos de amistad pura, 

discurriendo las letras por un torrente de plácida desembocadura. 

Mensaje que discurre hasta el mar, 

inmensa ricura,

donde nos bañamos todos compartiendo alegría. 


En mis máximas y mis mínimas,

en pesares, flojera o difíciles días, 

en el sol de mis mañanas y en mis lunas, 

en las delicias de promesa,

en la aventura...

Siempre, siempre dándome una nota, una caricia. 

Siempre vuestra compañía. 


Sí, creo. Creo en la poesía. 

En esos versos perdidos, 

en estrofas de locura, en ritmos y melodía. 

En esos atardeceres, floridos y solos,

oliendo a fragancia de cariño y ensueño. 

Sola mi mente para volar y buscaros y hacerme vuestra amiga. 


Mi agradecimiento. Os quiero mucho. 


Claudia Ballester Grifo.


sábado, 28 de noviembre de 2020

NO ES FÁCIL


Y yo acariciaba el alma del día porque con su sol bailaba. 

Sentía el arrope bravo de una energía envolvente que me subyugaba. 

Amanecía en los brazos de la noche y medio dormida me desprendía del hechizo para soñarlo. 

Y así, llena de alegría me enfrentaba a los miedos y vacíos que la vida me regalaba. 


Hechizo de luna en mis noches calladas, 

mudas sábanas de idilios y pasiones desenfrenadas. 

Cristales rotos de noches ensoñadas, recomponiendo a poquito el puzzle de mis ganas. 

Noches largas, dulces soñadas. 

Noches de vida, hambrientas de cariño y mendigando las ansias. 


Los sueños no entienden de convenciones etiquetadas. 

Libres y ufanos escalando montañas, 

sin moral ni lo contrario, 

purgando letras sueltas contando quedadas. 

Y allí me tienes en lo más alto de la montaña,

recorre el camino, te espero... No es fácil... Una escalada. 


Claudia Ballester Grifo.


ALUCINACIÓN


Restallando en el foco de la tormenta tu imagen se aparece  y me llama. 

Lo hace en silencio, marcando un gesto en la mirada, sobrio y recto, blanco. 

Tu imagen obsesiona mi calma. 

Me giro y no veo, pero tu voz murmullo en la distancia. 

Eres un fantasma. 


Se abronca la tormenta, cortina de agua,

fuerte, fuerte, burbujas que nacen del asfalto y se ahogan abrazadas. 

Cicatriz del tiempo rasgando la cara de un cielo macilento,

y un rugido de león buscando a su amada. 


Se cruza el fantasma, mira la leona una figura descarnada. 

Es un árbol herido y un guiño desde su rama esquejada.

Ella se acerca, roza el tronco reseco,

impregna su aroma agena a todo, a nada. 


Reverdece el árbol agotado. El agua le sabe a gloria, 

la leona le ha resucitado. 

Brotan las hojas, vestido de verano,

frescas y jugosas para mirar al cielo confiado. 

El cielo argenta, el terciopelo del verde sanado,

la leona sigue su camino,

un león bramando. 


Claudia Ballester Grifo


viernes, 27 de noviembre de 2020

NUNCA SOLA


Caminando cabizbaja arrastrando el hastío de unas esperas largas y el desconcierto de un destino. 


El cielo anuncia desestabilidad y frío,

ofreciendo una tregua de luminosidad y brío. 

Los árboles inclinan sus ramas besando el camino. 

Anchas aceras, cabeza agachada, volando el abrigo. 

Pensamientos jugando con el paraguas escondido. 


Sola no, con mis amigos. 

Pueblan mi cabeza romances e idilios,

sueños de princesa encerrada en su castillo. 

Largos suspiros tan callados como pasillos, 

iluminados por pudorosas velas y algún farolillo. 

Sola no, con mis amigos. 


Caminando cabizbaja arrastrando el hastío,

tal vez con una sonrisa y una esperanza de futuro,

la profundidad de la mirada vislumbrando un espejismo,

apartando piedras que tropiezan sin sentido. 


Sola no, nunca sola, tengo amigos. 

Charlando va la ingenua con su lenguaje de mudos, 

tertúlia que maneja en un despertar de grillos. 

Ser vivo en un mundanal ruido 

donde unos tienen suerte y otros juegan a sortear su destino. 


Sola no, nunca sola. 

Tengo amigos. 


Claudia Ballester Grifo


miércoles, 25 de noviembre de 2020

SIN RUMBO


Me encuentro sola buscando un destino, en medio de la calle, descalza, sin rumbo. 


Sudando un camisón de seda, 

sonámbula al frío,

salvando charcos, ahogando mi huella en alguno. 


Huyendo de algo que me agita a gritos, 

una boca abierta, tremendos dientes de cuchillo,

unas garras que me atenazan,

un monstruo vestido de amigo. 


Cae la lluvia diluyendo este cruel pergamino. 

Las letras que mi vida ha escrito,

se deslizan bailarinas buscando un sumidero seguro.  

Mejor con las ratas que con este vil malnacido,

mató mi amor con el mazazo de su puño. 


Claudia Ballester Grifo


HIJO DEL DESTINO


Humo mucho humo, 

azuza el hechizo. 

Los ojos en blanco, dientes de cabra, orejas de burro. 

Triste discurrir por el río,

almas viejas en barcazas de barniz nuevo,

madera de árboles rendidos al vacío. 


Llora el bosque encendido de antiguas cábalas,

sombría y humedad enraizadas en un nudo. 

Leñoso el músculo de su lengua,

reseca y muda, desconcierto sin atisbo. 

No habla la cascada en el salto de su caída,

se desploma destripándose sin ayuda,

muere babosa en un rescoldo, 

olvidada mancha marchita. 


Llora el cielo el cristal de sus perlas. 

Grumos de sus hijos se derraman inquietos,

no hay regaliz en la feria...

Ni promesas de sonrisa. 

Ya el espejo de la realidad se refleja,

hablamos tal vez, pero mal y

pagamos la apuesta. 


Miro tu cara hijo del destino,

tus ojos rasgados, motor encendido,

esa piel de seda recién bañada,

eres aroma de inocente que la rebeldía le puede. 

Un golpe en la mesa con tu puño acerado, 

verdades de otro que te han engañado,

tañe la campana en el destierro,

hijo del destino; suena a muerto. 


Claudia Ballester Grifo.


BOCA CON BOCA


Amanece el sol con un fuerte fuego de deseo. 

Aletargada su luna por un sueño de otoño. 

La mira roneando, encendiendo su vuelo, creciendo la cara que lo mira con embeleso. 

Larga en su tronío la noche corre a su encuentro. 


Siente el astro rey un halo enfebrecido,

emanaciones de luz escondidas entre brisa y ruido,

mansas olas de rizo clandestino,

que se alzan silenciosas buscando un beso caído. 

¡Ay! Casi, casi te toco, amado mio. 


Ella lo mira en su avanzada por el camino. 

Larga su cola de estrellas, luceros y satélites amigos.  

Blanca muy blanca, bella dama, cala luminosa buscando su instinto. 

Guiña su ojo de bruma enardecido y llama a su volcán esperando la lava de su respiro. 


El cielo es testigo y parte en el escenario divino. 

Las nubes esconden la mano que busca la mano del querido. 

Se acercan las formas, pero el fuego explota en una catarsis de amor contenido. 

Luz, mucha luz en el primer bostezo,

sol y luna compartiendo un mismo cuerpo,

unidos por una vez en su sueño,

boca con boca, 

beso a beso... El delirio. 


Claudia Ballester Grifo


martes, 24 de noviembre de 2020

TU NOMBRE





Quiero recorrer el mundo para extasiarme con la belleza,

hacer cosquillas a las rosas cuando despiertan,

beber de su rocio y acariciar su corola. 

Viajar en la bicicleta de mis anhelos y 

solo con mis fuerzas y la naturaleza por compañera,

pedalear la vida y rodar la inquietud que me acelera. 


Quiero se música y orquesta. 

Bailar en jardines, perfumarme de luceros y estrellas,

ser la vela en una cena romántica de rojo carmín y etiqueta. 

Ser perla en tu cuello de gacela, 

lindo gatito que atusa su pelo y se refriega. 

Brisa, risa, juego y fiesta...

Quiero ser el aire que te besa. 


Quiero acercar mi nave a tu puerta,

fondear en el puerto, descansar la vela. 

Y muy despacito cosquilleando la acera, 

llamar tu nombre y sentir tu respuesta. 

Sorpresa que un tango te entrega,

soñando un sendero de amapolas y gardenias,

exóticas orquideas que tu corazón aceleran y muy de a poquito,

hasta mí en volandas te llevan. 


Claudia Ballester Grifo

lunes, 23 de noviembre de 2020

LEJOS DE TU CORAZÓN


Quiero llorar, desgarrar la membrana de mi corazón, 

arañar la blanca pared de un pergamino que escribí con infinito amor. 

Poesía dorada volando con las alas de la ensoñación,

misticismo bailando al ritmo de mareas, luna y sol.  

Quiero llorar, pero no afloran las lágrimas,

ahogan mi interior, siguen un recorrido

escondido de la luz, por el pozo subterráneo de la pasión. 


Fuiste mis oídos y mis ojos, el aire que acaricia el manto de la ilusión. 

Destrozaste mi inocencia con un velo transparente, pero para mí, no. 

Mil veces cegada por tu voz, tus letras,

el dibujo de una canción. 

Mil trozos desmayados en el espejo de la mejor versión de mi yo. 


¿Dónde me he ido?

No sé dónde me encuentro yo. 

En una nube de tormenta, 

en una poza oscura, en una arruga de la tierra, en un satélite servidor. 

Lejos, muy lejos de la luz que prometiste, 

lejos, muy lejos de tu corazón. 


Claudia Ballester Grifo


LA LUNA DE NEGRO


Cuando eres pequeña, escondida en el fondo del océano, 

vislumbrando una luz que apenas te acaricia,

escuchando las voces de las constelaciones del universo. 

Allí, agazapadita, a escondidas de ojos ajenos,

observando matices cuando careces de todo. 

Allí, en un puntito empieza el camino bien cierto.


Despegando abres los ojos ascendiendo, entre corales de plata y payasos de ensueño. 

Entre lo negro y lo blanco, intuyendo colores, 

claridad de un día rayando la pluma del silencio. 

Arriba la vida, subiendo la voy queriendo. 


Y era un mundo tan puro, 

de encanto pleno. Escuchando ilusiones, promesas y cuentos. 

Y se sentía tan dentro, tatuando el calamar su tinta en el corazón tierno. 

Fuego en el instinto, dolor tremendo,

de algo que ya moría sin llegar a serlo. 

Montaña de caracolas, sendero de langostas trazando un desierto. 


Y al final la superficie marcando un universo. 

Luz cegadora de un azul intenso. 

Belleza increíble al abrir unos ojos de embeleso, 

realidad infinita, promesa cierta de cálculo tremendo. 

No más infinito, tendencia sin firmamento. 

No más balanza, éxito, mucho éxito. 


Un corazón llorando, el sol se baña, la luna viste de duelo. 


Claudia Ballester Grifo


domingo, 22 de noviembre de 2020

¡QUÉ BONITO!

 

Qué bonito sería abrir las puertas de mi alegría para cerrar la sombra y la tristeza que se cobija. 

Qué bonito abrir mis brazos y fuerzas potentes que arrastraran miseria y penuria. 

Ser un sunami de emociones que como magistral payaso dibujara sonrisas,

reverdeciendo verdes prados bordados de amapolas amigas. 

¡Qué bonito sería!


Qué bonito diseñar colores que alegraran los días, 

montar en un cohete plagado de emociones y fantasías,

subir muy alto hasta encontrar la calma y sabiduría. 

Y, allí en el silencio de la cordura, 

pinchar donde más duele y sacar confeti de lluvia. 

Reírnos de lo que nos abruma y escampar en humo el lastre que nos enferma y perjudica. 

¡Qué bonito sería!


Qué bonito sería amarte sin ataduras,

volar como el aire, caprichoso en sus idas y venidas,

rutilante y poderoso cuando viste de viento y te busca,

brisa cariñosa acariciando la necesidad de tus grandes ojos y tu mirada taciturna. 

Qué bonito sería ser diosa Fortuna y regar tu maceta con agua bendita,

abonar tu tierra para que creciera la poesía,

sembrar en tu corazón una esperanza,

llenar tu cesto de vida. 


¡Qué bonito sería?

Ser luz... La luz que te guía.  


Claudía Ballester Grifo


sábado, 21 de noviembre de 2020

UN BAILE


Suspira el sol una mañana fresca.  

Se despereza el despertar empujando estrellas, despidiendo una luna ya diáfana. 

El embrujo de la noche alimenta el recuerdo de mimo, brasas ardiendo en la chimenea del alma. 

Deshaciendo la luna en melenas de plata, hilvanando luceros, collares de gas y escarcha. 

Calor y silencio; rumor y nada;

brisa que mueven las ánimas en su baño de multitudes,

allá en el cauce de un río de esperanza. 

Cosmos infinito que con su fuerza atrapa. 

Voces lejanas de melocotón y loto, acariciando las arrugas de una frente preñada. 


Baila el esfuerzo con las ganas,

la música empoderada en un andamio de madera presidiendo la plaza. 

Tú y yo solos, tu mano enlazando mi cintura, 

vueltas y más vueltas,

escribiendo con tacón de aguja una pasión que nos supera. 

De largo la feminidad buscando tu gallardura,

negro charol rematando fino lazo su desenvoltura. 

Manos enlazadas, el fuego de tu mirada sucumbiendo al fuego de la mía. 


Chisporrotean las brasas ardiendo. 

Humo que empaña las nubes que extasiadas nos miran. 

Alguna lágrima cae perlando tu mejilla,

repica en mi cara, arrebola mis mejillas. 

Estallan los nimbos de calentura contenida,

llueve a mares inundando el baile y nuestra vida. 

En el suelo queda una rosa olvidada y un corazón que la cuida. 

En el cielo un arcoiris con una amplia sonrisa. 


Claudia Ballester Grifo


viernes, 20 de noviembre de 2020

ESA MIRADA


Esos ojos de cielo que se fuman con pipa en la línea delgada del suspiro de la nube deshaciéndose en bruma blanca. 

Esa mirada que de pronto encontró mi mirada,

esa sonrisa de cereza dibujada. 

¡Ay! Esa chispa atrapada en un flash sin querer ya soltarla. 

Esa mirada, esa... Recorrió mi cuerpo directito a mi alma. 


El concierto del cuerpo compone sus óperas más arias. 

Soplan los flautínes, desgarra la lira solitaria. 

Las negras del piano a caballo de las blancas. 

Las cuerdas de la guitarra llorando melenas lánguidas, 

desfilando los violines, de esmoquin y lazo por corbata. 

Siendo los pingüinos los acompañantes de las damas. 


Se enciende el fuego, romanticismo en la plaza,

tiempo de verbena, luz de farolillo,

cuerpos que se acercan y se hablan. 

Huele a magnolia, cardos y juventud apiñada,

sofoquinas de sangría, melocotón y canela en rama. 

Vaqueros de refriega y mucha falda. 

Vuela la imaginación tras el ahumado cristal del brillo de tu mirada. 

Esa mirada una noche alucinada. 

Esa mirada... Sí, tu mirada. 


Claudia Ballester Grifo


NIÑOS DEL HAMBRE

 

Loca, me llaman loca porque miro en blanco y veo en la retina doblada. 

Loca por introspección y oír lenguas cavernáculas. 

Loca por sentir delirios de fronteras y tierras lejanas. 

Loca de confluir en un dolor que me cerca a horcajadas. 

Loca por ver niños de pupilas dilatadas,

pidiendo un trozo de pan con la mano negra de polvo y jornada agria. 


Mi pulso con el tuyo, rosa temprana. 

Capullo fresco, pimpollo que duerme la noche y el día alcanza. 

Se abre tu pecíolo, oliendo su fragancia,

despertando las miserias y pocas gracias. 

Pequeñas lágrimas del río que silencioso en su marcha, se propaga en su cauce como si no hubiera un mañana. 


Niños del mundo, huyendo de la guerra y la desgracia. 

Grandes bocas que muerden las piedras del camino mientras crujen sus entrañas. 

Blancos dientes, lagunas y luna clara,

pequeños e inocentes, fruto de hoja temprana y muy olvidada. 

Soldados del amor, armadura impostada,

niños de la noche y de la primera luz del alba. 


Y tú me miras, solo, pequeño, asomado a mi ventana. 

Carita de misterio, callado, pidiendo con la puerta de tus ojos atrancada. 

Con ese lucero de inteligencia que alimenta la supervivencia nata. 

Y tú... Mis lágrimas en tu carita de porcelana,

niño de la luna, mamá me llamas. 


Claudia Ballester Grifo


miércoles, 18 de noviembre de 2020

TIERRA DE ALMAS


No me llores, corazón que se me parte el alma. 

Mira que esos ojos de cielo se diluyen en agua y se van buscando la mar brava. 

No me llores, corazón que por ti muevo montañas, 

escalo rascacielos y toco con mis dedos el sol que te alcanza. 


Una palabra tuya es un todo en mi estancia. 

Un silencio, un castigo con el que muere mi alma. 

Un susurro caricia que me llama y corro seguro al encuentro que me marcas. 

Un guiño, un dulce que me empalaga.

Una sonrisa,

 ¡Dios mio! Un mundo que ni en sueños vislumbrara.


Estás tranquilo, plácido en tu madrugada. 

Llegó mi consuelo con el aroma de la nostalgia. Mi mano con la tuya, siempre abrazada. 

Siempre... Siempre,

mantra que se queda escrito en la distancia. 

Un cosmos por mundo,

tierra de almas. 


Claudia Ballester Grifo


NO ESTÁIS SOLOS



Qué difícil es hablar de amor cuando la angustia atenaza los cielos y quebranta las raíces de la tierra. 

Qué difícil cuando el corazón se aprieta y ves volar bellas almas. 

Qué difícil entre paredes blancas vivir el aséptico miedo de idas a ciegas,

el correr de pasillos, la lucha de enlazar nudos que sujeten el cuerpo para que no se vaya. 


Qué difícil se hace llorar cuando no hay agua. 

Se ha secado el acuífero que humedificaba los sueños y las esperanzas. 

Nos hemos quedado secos de alma, volando tristezas mezcladas en humo, 

deshaciéndose en la nada. 

Qué difícil... Qué difícil no quererte, amigo que sufres en la callada. 


Nunca el amor fue más libre buscando su espacio, sus ansias. 

Revuelo de historias que conducen su mirada perlada,

manos enlazadas en la distancia. 

Sol despierto en el cielo donando su energía, 

bálsamo y calma. 

Ruego de amor, aroma de casa. 


A ti, divina figura de canas sabias,

a la prenda de una vida luchada,

a tu fuerza, empeño y ganas. 

A tus risas y juventud pasada,

a tus sueños y logros, 

a tu esperanza perdida por una pesadilla que invadió sin carta. 

A tí, amigo, mis respetos, cariño y alabanza. 


Claudia Ballester Grifo

martes, 17 de noviembre de 2020

APUNTES


En el morado de un limpio sol nostálgico. 

Juego de grises en la sombra de las nubes. 

Blanco de Soroya en el espíritu de un temprano atardecer. 

En el sopor de una digestión mediterránea,

en la melodia de una canción. 

Desplegada entre ocres pergaminos de letras,

furibunda en mi abstracción,

tocando la fibra del espacio, buscando una inspiración. 


Pronta la palabra en su batalla, 

subida al corcel de su pincel,

buscando la parcela adecuada para ser paleta y pastel. 

Albricias de una locura con sentir de mujer,

recorriendo las partituras sin oído ni sensatez. 

Divagando, amazona de empeño y exquisitez. 


Giran las letras en el bombo del querer. 

Vuelta y vuelta hasta poder aparecer. 

Ellas, protagonistas, 

luz en el amanecer,

guía de mi cordura, 

sapiencia de mi ser. 

Consuelo de la soledad de mis días, 

refugio donde me hallo y me siento bien.


Claudia Ballester Grifo


lunes, 16 de noviembre de 2020

EL HALCÓN Y EL LOBO


Me siento pequeña en un mundo grande. 

Entusiasta del sol que me tutela,

de la brisa que me llama por mi nombre,

del bosque que me encierra. 

Peregrina en un horizonte cubierto de estelas,

navegando en el azul, surfeando sus olas. 

Volando sobre rosas encendidas de un rojo de aurora. 


Me siento fuerte y aguerrido, mirada de noche eterna. 

Vagabundo entre senderos de pinos, abetos y chaparras. 

Pisando crujidos de huellas entre la hojarasca adormilada. 

Desafiando los vientos que doblan copas maltratadas. 

Amarillos faros de noche, de orejas disparadas. 


Me llamo halcón peregrino, repliego mis alas cuando duerme la noche sus horas veladas.

Vuelo mi día soñando un amor que prende una luna helada. 

Un espectro de duende que viste el dulce que me regala. 

Una mirada de miel que me acompaña en mis horas solitarias. 


Soy el lobo aullando la luna en su pedestal de plata. 

Lejos muy lejos de mi amada,

vibrando cada pulso hasta el momento de alcanzarla,

ansiando su embrujo de alas perfumadas. 

corriendo vastos parajes con la mirada perdida,

buscando en las alturas la primera luz de su presencia. 


Besa el alba la noche fría. 

Irisados colores de fruta madura. 

Dos miradas se cruzan, se sienten y se estiman. 

Dos fuegos rodando sus perspectivas,

lanzados en un encuentro de intensidad superlativa. 

Y mueren y ríen y se disfrutan. 

Halcón y lobo, pasión infinita. 

Ella la luz del día;

él su derroche, la noche, misterio y aventura. 

Por un sueño, mujer y hombre 

para hacer el amor en un instante cada día. 


Claudia Ballester Grifo.


SIEMPRE FUISTE UNA ESTRELLA

 Título

"Siempre fuiste estrella" (Para Ti)

A esa Estrella que se desplega

Desde la otra esquina del mundo

Esa estrella de España

Que expande su luz,

me abraza con su sensibilidad

Y mágico esplendor;

rociando con su brillo mi vida.

Lágrimas buceando entre dos mares

Delineando palabras que versan 

Haciendo un As de poesía.

Emociones que tocan

 el alma y el espíritu

que enriquecen y enaltecen mi ser.

Estrella que viaja desde

un lejano continente 

para traer su luz y Sapienza,

Que deja al mundo sin palabras

con esa presicion de su decir.

Brillante constelación 

Donde siempre fuiste estrella

De este vasto firmamento.

Este es tu broche prendido a tu ser.

autora Maly Leon

PARA CLAUDIA BALLESTER GRIFO 





domingo, 15 de noviembre de 2020

TE DEJO UNA NOTA

 

Duermes en el limbo de mis idas y venidas. 

Imaginándote entre sábanas de hierbas,

arropado de rosas y orquídeas,

soñando melodías de palabras habladas y consentidas. 

Duermes en la calma de tu noche y el abrazo de mi día,

entre la bruma de una suave lluvía y el resplandor del alba que nos guía. 


Deslizar de gotitas en el ventanal de nuestra vida. 

Una detrás de otra, se alcanzan y asimilan,

comparten esencia, pluma y hermosura,

cogiendo carrera en el desnivel de la caída. 


Nunca el día tuvo más noche. 

Entre mi noche y la tuya,

tu día y la tarde en compañía,

una rosa, un libro... Poesía. 

Nunca la espera tuvo mejor ventura,

un pimpollo que se abre al llegar la hora en que tú miras. 


Claudia Ballester Grifo



NI SER

 

Oye, tú... Si, tú, mírame. 

Fui la gorda, la fea... La difícil de ver. 

Fui goma en tus manos,

una pelota entre tus pies.  

Tatuaste mi cara de violeta y hiel. 

Mancillaste cada soplo de aire en mi piel. 

Tiraste de mis trenzas, arrugaste la tersura de mi papel,

jugaste al tiro al plato con el dibujo de lo que empezaba a ser. 


A ti, sí... Al petulante, al arrogante que se creía con el poder. 

Al cobarde escondido entre brillos,

espejismo macarra de ignorancia e insensatez. 

El mármol de tu gesto en cada golpe del ayer,

tildaba en mi cuerpo pequeño una espina que hoy logré extraer. 

Sangre al río que logró correr y despierta hoy libre con sueños y placer. 


Adiós, verdugo de mi querer. 

Te cierro la puerta de mi vida y desde mi trono de mujer,

brindo con la copa del triunfo un nuevo amanecer. 

No viste mi belleza ni entendiste la inteligencia de mi ser. 

No es la miel para el oso que no se rinde a sus pies. 


Ni adiós, querido... Nada... Ni ser. 


Claudia Ballester Grifo


sábado, 14 de noviembre de 2020

EMBRUJO


Cuando el cielo se vuelve agua y yo nado en ella. 

Cuando las rosas brindan sus pétalos y esparcen su aroma. 

Cuando las agujas de la tierra nos brindan sus vistas.

Cuando el hielo cruje en el vapor de las ganas...

Tiempo de brujas y escarcha. 


Diente de ajo, calabaza y un poco de rabo que de gusto a la salsa. 

Risas y gustos, chistes y alabanzas,

Una pizquita de morro y mucha guasa. 

Dos vueltas de cazo y una cuchara, 

un suspiro y mucha gracia.  

Un guiño de cielo y ese amor tuyo que alimenta mis ansias. 


Un mango de escoba escogido por la magia. 

Vuela la bruma, salta el sapo, croa la rana, 

reverdece el musgo pegado al tronco que sustenta su espalda. 

Cielo rojo de luz y sombra escrutada. 

Qué viva el pelo blanco de unos ojos de 

humo y mucha alma. 


En el pañuelo de mis lágrimas se halla una vida que reinvento de acacias. 

Cien vidas vividas y un millón de gracias,

soñando un arrullo que entiende la mujer, 

que vislumbró una niña de sensibilidad destacada. 


Te quiero por quererte, porque me da la gana,

porque eres música en mis oídos, 

dulce postre que me aguarda. 

Candil en mis noches, peluche en mi almohada,

hechizo de luna que se desliza por la ventana. 

Caricia de amapola, dejando su rojo en mis labios de amada. 


Claudia Ballester Grifo


jueves, 12 de noviembre de 2020

VERDE


Volando en la nebulosa de la ternura. 

Una mirada amable, la sonrisa de un niño. 

Una mano en el hombro, un susurro percibido... Qué bella es la vida en un jardín florecido. 

Nunca el cielo brilló tan pulcro como cuando el corazón golpea el pecho, tambor enardecido. 

Rasgan las liras un aroma lírico, blanca túnica de letras y pergamino. 


Los gorriones surcan plazas y conquistan cornisas. 

Tibios trinos de pluma limpia y tesón de armiño, 

¡qué bonita la vida en su recorrido!

Qué limpio el aire, el azul, el guiño de la melodia en el cristal del río. 

El nenúfar abriendo sus manos de alabastro,

el agua meciendo su recorrido, 

acunando la sorpresa de un día abierto al destino.


Alegoría bucólica de ninfas burlando la conquista de su sátiro. 

Huye la inocencia de la intención y del agravio. 

¡Qué bella es la vida! Risas, juegos y contactos. 

Huellas en el camino, rastros de magia,

cuentos y escarcha soplando vientos helados. 


Risas y risas corriendo los prados. 

Viva el verde y su manto dorado. 

Los guijarros del río plañendo su canto,

los peces bailando y las burbujas de la cascada en su mortal salto. 

Dibujo de rosa, azul, verde y blanco. 

Amarillo siempre destacado. 

Luz y polvo, camino andado. 

¡Viva la vida que me ha dado tanto!


Claudia Ballester Grifo


EL ESPEJO

 

Me miro en el espejo y el reflejo me devuelve una sonrisa que fluye de dentro. 

Mirada analítica buscando secretos, afluentes en la piel desnuda a la lupa del tiempo. 

Curioso el vehículo recorriendo valles y recovecos, cuevas oscuras de mar muerto. 

Pliegues deshidratados de amarguras y desencantos. 

Cejas despuntadas de tanto sobresalto. 

Se achican los labios de mucho apretarlos. Agrietados y finos de piel de cebolla abrigados. 


Me mira el espejo dulce y calmo. Me devuelve una sonrisa de melocotón almibarado. 

Mirada enamorada descubriendo los encantos de una piel suave, aterciopelada de hermoso tacto. 

Ilumina la luz un retrato, fantasía de un tiempo y un espacio. Un alma que aflora por el mirar bello del otro lado. 

Rejuvenece la vida de quererla tanto, 

brillo en los ojos de luceros atrapados,

fresas besando el influjo de un bello canto. 


El espejo es mi amigo. Le ofrezco la mano. La sonrisa se comparte y la magia acude presta al contacto. 

Un roce de los dedos, laxitud y encanto. 

Ya los ojos se miran en un lago extraño. 

La bruma jugando con el vaho,

se cierra la cortina del cuarto de baño. 


Claudia Ballester Grifo


miércoles, 11 de noviembre de 2020

ALMA-CORAZÓN

 

Mi alma en calma. Esa amiga que me inspira y que ama. 

Esos ojos silentes

que abrazan la vida, observan y callan. 

Inteligencia tangible e innata, 

paciencia derretida y rica salsa. 

Oídos del mundo, escarcha y plata. 

Brisa y viento, espíritu de esperanza. 

Verdad en una plaza soleada,

mirada inquieta de niño,

simplicidad ingenua y sabia. 


Corazón palpitante de fuerza y rabia,

pausado a veces, terremoto en las batallas. 

Sangrante en su rocio acariciando el alba. 

Dulce y contrito en amores y baladas. 

Pulsatil en noches de luna clara. 


Corazón y alma unidos en concordia y estampa. 

Él galante cortejando a la dama. 

Ella discreta, luz en la distancia,farolillo en la noche marcando el camino de llegada. 

De la mano, juntos riendo ocurrencias y ganas, marcando un sendero de mimosas y acacias. 


Ella sueña hilos de viento hilvanando el mosaico de las jornadas. 

Él diseña los pasos dejando huellas de sus andadas. 

Ella lo sigue hipnotizada y él le sonríe en sus horas cálidas. 


Alma y corazón, equipo de importancia. 

El cielo y la tierra corriendo una carrera de fondo y distancia. 

Las estrellas bailando en un mar entregado a su gracia.

El sol besando una luna en retirada. 

La naturaleza versando la vida en una postal enamorada. 


Claudia Ballester Grifo


martes, 10 de noviembre de 2020

MI HORIZONTE


Dulce mirar de mis ensueños cuando la luz despierta los sentidos. 

En ese azahar de mi viento que arropa mi cuerpo y me traslada a historias de Alhambra, fuentes y mosaicos moros. 

En esos leones enfebrecidos del mirar de tus ojos, 

desnudando mis tules y versando los cascabeles en su baile rabioso. 

El silencio de la noche, la suavidad de la espera desatando el sol del amanecer. 


Se despereza el sol en su cama de agua. Saluda a sus nubes, besa el algodón de sus formas amadas. 

Acaricia la piel de su alma y brilla, brilla y brilla para regocijo de las damas. 


Sube, escalando obstáculos, tranquilo, pero sin pausa. 

Galante hasta rasgar las lágrimas,

dueño del centro, posición destacada,

bebiendo del mar, comiendo de la ostra perlada. 

Ofreciendo fuerza y ganas, un mundo de arcoiris, escalera de llegada. 


Saltan los delfines, jugando con las olas,burbujas de alegría y reunión prolongada. 

Surcando la bravura de una mar esmeralda. Acariciando su torsura, disfrutando de una libertad deseada,

sembrando el camino que marca una entrada. 


Descalzos los pies, vestida de cama, 

blanco satén, ardiente, hipnotizada. 

Mirada de bruma, grises los ojos que observan en la distancia. 

Revueltos los rizos que acarician la piel desnuda de arena y magia. 

Enrolladas las olas, besando unos tobillos delgados, dirigiendo sus pasos al lugar deseado. 


Lentamente, paso a paso, revoloteando las gaviotas, brisa, mar y canto. 

El agua la lame, de pulseras algas de gentil tacto, arrullo ancestral de tiempo y cansancio. 

Un aura azul la envuelve vistiéndola de horizonte y espacio. Dejo de ser yo para convertirme en espuma y ser absorbida por mi amado. 


Claudia Ballester Grifo


lunes, 9 de noviembre de 2020

LA FORTALEZA Y LA NOCHE


Se cierne la noche abrupta y golosa. 

Avanza con su manto abarcando colinas y pastos. Desgajando a jirones brillos de un sol debilitado. 

Levanta sus alas, plumas de azabache. 

Agita titanes músculos con veladas voces. 

Escucha en esa zozobra liras de ángel,

brumosa la suerte que te acerca a esta fortaleza, la sobrevuelas haciendo de su almena tu suerte. 


Es ella luz en un ventanal de vistas. 

Esplendor de un pueblo que dormita confiado. 

Sombras en lisas paredes de cal jugando con la alquimia de sueños y sonrisas. 

Su largo vestido ondeando desde su cintura. 

Bandera blanca que vislumbras. 

Acaricias su cara de alabastro,

besando la suavidad que disfrutas. 


Rozas su cabello con el halo de tu vida,

cierra sus ojos pajarillo solitario,

sintiendo la fuerza amiga en la penumbra. 

La noche avanza y la conquista. 

La noche se la lleva a un mundo de fantasía,

donde se puede amar hasta alcanzar la locura. 


Claudía Ballester Grifo


VESTAL

 ¿Te acuerdas,

amor?

Tú susurrabas palabras a mi oído. 

Cálido llegaba el sentimiento mutuo. 

Se paraba por un segundo el latido 

apretando su paso en los siguientes recorriendo el minuto. 

Se creaba la magia con solo presentir un quejido. 

Temblando como una hoja quedaba el cuerpo mio,

de tanto apretarlo para que no huyera contigo. 


Apenas un roce de una mano tropezando con la tuya,

descarga eléctrica de alto voltaje

con resultado de espasmo y

la sorpresa prendida de broche. 

Una mirada quemando el aire,

un fuego iniciado sin reproche. 

Un te quiero no pronunciado,

un instante... 


¿Recuerdas el hilvanar nubes por encima del océano?

Panorámica suave como un arrullo. 

Aguas mansas de lluvia fresca,

bailando muy juntos, desafiando el horizonte. 

Calmando esas ansias con el temple de un sacerdote de Zeus

blandiendo el secreto de una vestal. 


Claudia Ballester Grifo


VECINO

Lagos profundos de mirada ávida. 

Recorrido de amplias miras y largos alcances. 

Ojos del universo,

pulcros y certeros. 

Dulzura del alma que regala y acompaña. 

Espeso día de mano cálida,

empujando gendarmes que encauzan nubes y rompen talantes,

llorando crisoles oro derretido,

hidratando el corazón en su estado más puro.


Desde mi cielo al tuyo,

nadando flores y oliendo pergaminos,

bañándonos en aromáticas sales,

haciendo guiños,

desde mi ventana a la tuya,

amigo vecino, 

sube el humo venteando pan y aliño. 

Sube y sube... chimenea de alto tiro,

bordando encajes de fino hilo. 


Oteas el horizonte buscando un atisbo. 

Ya aletea la gaviota con potente artificio,

muchas lunas de viaje para rendir su olivo. 

Pequeña y extenuada, ojos de gran brillo,

mirada mora de harén, fuentes y amoríos,

cuentos de mil y una noches que rinde a los pies de un libro tuyo. 


Claudia Ballester Grifo


MONASTERIO DE AMOR


Dulce sonrisa del día cuando escampan las nubes deshaciéndose en vaho y escarcha. 

Se abre camino un don Juan de capa roja y estrella magna. 

Centellean chispas de candor y gracia, 

recorriendo un universo de perlas sembradas. 

Riendo las liras, atusando los ángeles sus alas. 


Caminos irisados de pompa blanca,

mirándose en el reflejo de tu alma. 

Libro abierto de diáfanas páginas, 

tinta de bodega hilvanando letras doradas,

sembrando un camino de rosas y margaritas ilusionadas. 


Se despliega el pergamino de corazón de tiempos,

sabiduría de monasterio, parca, silenciosa,

andar descalzo. 

Manos juntas de arrobo y encanto,

capuchas de misterio encauzando un río que baja libre, resuelto y amplio. 

Vereda fértil de firme remanso. 


Una luz brilla en el horizonte. 

Regala una atmósfera de ensueño,

despertando los grises muros del convento. 

Las campanas orando al viento,

los repiques sembrando el firmamento de aromas y melodías de adagio. 

Una hada camuflada entre el verdor de la enredadera,

unos duendes guardando la fuente 

de la sed de poesía, de amor y suerte. 


Una enamorada esperando el reflejo tornasolado de mil hologramas que le devuelvan a su amado. 

Una imagen lejana que rauda se dibuja de tanto quererla. 

Un sueño que corre y vuela y al final descansa más cerca. 

Una mano que se tiende y casi le roza. 


Claudia Ballester Grifo


SALUDOS DE VIDA



Viene saludando un día lleno de alegría. Las trenzas de las nubes bruñidas por el sol que las acaricia, subidas en el tiovivo de caballitos y golosinas. 

La sonrisa del sol hipnotizando las colinas,

vestidas de verde satén, provocativas. 

Las amapolas de sus labios cantando melodías que transportan las mariposas aleteando sus fantasías. 

Los manantiales de sus ojos, cascadas de frescura, bailando una samba rica, rica de sabrosura. 


Los niños vuelan cometas, cuentos y aventuras,

cabecitas graciles, admirando la naturaleza, bondad infinita. 

Risas y risas, saltos y juguetinas

las niñas en la comba, 

los niños panza arriba. 

La magia a escondidas del "manga mangotero"y del "a que no me pillas". 


Chicos y chicas alegrando la campiña. 

Guiños y retos y mucha simpatía. 

Alguna que otra mirada perdida,

regalando una flor al alma querida. 

Revoloteo de faldas y pantalones a medida,

regocijo de voces y mucha algarabía. 


Reposando sus rodillas la bondad y galanura,

canas al viento de atractivo y catadura,

una rosa de sonrisa la compañera de una vida,

un clavel en el ojal para el amado que la mira. 


Hermosa, hermosa... Siempre la vida. 

Más bella imposible, compañera querida. 


Claudia Ballester Grifo

ENCUENTROS


Ha venido la luna a visitarme. Se ha traído su luz azul para calmar mi blanca noche. 

Me ha acariciado con su hermosura y hemos platicado hasta el derroche. 

Una indigestión de melodías arañando la rosa de mi pecho,

enraizada con su lira,

notas bailando letras en magno concierto. 


La dama acomoda su bata de boatiné en mi desconsuelo. 

Abrazada a la almohada, mirada al cielo. 

Su mano y la mía padrenuestro de aliento. 

Llora un río sediento la calma de un mar 

hipnótico. 

El influjo de una cara llena arrastrando la marea,

una sonrisa perdida barriendo olas que se acercan y te besan. 

Una orilla de ocres y tibieza. 


Los ojos cerrados siguiendo el influjo travieso. 

Huele a manzana dulce y mar,

mi piel y el calor de mi cuerpo. 

Siento la compañía del latir del tiempo,

pasando las quimeras rozando el tic tac inquieto. 

Las ansias juguetonas de un despertar nuevo,

el roce de una brisa vislumbrando la aurora,

claridad con la que se diluye la mano que agarró la noche. 


Un gorrión es testigo al abrir mis ojos. 

El relámpago de la luna emigró con el generoso sol que la protege. 

Se queda mi vigilia con el trino temprano,

en el cielo una luna besando un sol castaño. 


Claudia Ballester Grifo


sábado, 7 de noviembre de 2020

UNA VENTANA DE LLUVIA


Golpea la lluvia contra el sueño. El estrépito me alerta en el cosquilleo de la ventana. 

Fuerte, fuerte, cortina de agua,

ahogando al gallo que ya no canta por la mañana. 

Las bolsas de mis ojos bien hidratadas,

inflamadas de pantalla, sin salir de casa. 

Me rio del viento y del agua,

del fotomatón y del ruido que con él baila. 


Los duendes se alborozan en pompas tempranas. 

Saltan los charcos, crean puentes de huellas de barro, salpican con briznas de fresco y labia. 

Hablan como cotorras en un parque de luz cálida. 

Ríen y ríen con botas de goma que la cintura alcanzan. 


Los charcos se desmadejan desgreñados,

lamiendo los bajos, invadiendo la intimidad de sus suelos, mojando zapatillas de andar por casa. 

Andan las almas salvando enseres, puntillas y lanas,

Va el pueblo revolucionado a toque de pandereta y castaña. 


Se queda el día calmo. Atisba el gris en lontananza. 

Se sueña una tregua en el camino,

en silencio y vestida de playa. 

Las piedras revoloteadas,

las marismas menos saladas,

el azul mareado y el pardo de la mar brava. 

Sin gaviotas, ni sol que seque sus lágrimas,

un tímido arco iris fraguando un mejor mañana. 


Claudia Ballester Grifo


viernes, 6 de noviembre de 2020

VIENTO ENAMORADO


Déjame que llegue hasta ti,

quiero ser el arrullo del alba que te despierta con la mañana,

tiendo mi mano y tú la abrazas,

miro tus ojos y me baño en sus aguas,

vienes conmigo donde la ilusión nos alcanza. 


Déjame que acerque mis labios a los tuyos,

rozar apenas las ansias,

sellar con baho ardiente el volcán que atenta en las entrañas. 

Poco, muy a poquito deslizando mis apetitos por tu cara,

descubriendo una piel de poesía y melaza. 


Déjame que dibuje un horizonte en la noche cerrada,

una estrella que marque un puerto y una llegada. 

Un farol encendido de luna clara 

para que no te pierdas en el camino

plagado de rosas buscando mi morada. 


Déjame que te quiera con sonrisas y lágrimas,

con el vino de la vida,

las letras que fluyen en aguas mansas, 

con ese suspiro de viento 

jugando en la ilusión de una carita enamorada. 


Claudia Ballester Grifo


LA LLUVIA DE MI PASIÓN


Se escancia la lluvia derramando las calles. 

Fotogramas de luces atronando el espacio oscuro, devorando con sus fauces. 

Látigo de centurión embravecido,

rasgando las carnes. 

Eclipsados los ojos ante tamaña imagen. 

Inunda mis adentros de tanto añorarte. 


En barca sale mi corazón suspirante. 

Solo, solito buscándote. 

En la noche fría y húmeda, anhelante,

afianzando el filo de mis ojos para dibujarte. 

Te busco entre las lenguas de agua que embisten,

entre el fuerte rasgado de sus ganas,

en la fuerza latente y viva,

en la locura que me ciega y me acompaña. 


Sola,solita mi cuerpo y mi templanza,

temerosa en esta noche sin luna,

de fuegos y añoranzas. 

Temblando mi esperanza, 

ansiedad de encontrarte en tu playa,

desnudando nuestros cuerpos 

para convertirnos en espuma,

en arena y beso sutil de barbas blancas. 


Se abre la luna, tildando su luz mágica. 

Las farolas del cielo, sonrien ruborizadas, hipnotizadas. 

Tiembla la tierra y el alma, 

un amor tan intenso nacido de las plegarias. 

Un amor consumido por el arrullo de las palabras,

ebrio de ilusión quemando sus entrañas. 

Fuego de pasión cantando bajo una lluvia apagada. 


Claudia Ballester Grifo


miércoles, 4 de noviembre de 2020

ELLAS Y ELLOS


Las espumas del cielo brindan sus fulgores para abrazar su desconsuelo y llorar lluvia de amores. 

El sol desde el centro de su secuestro,

juega con las brumas que lo esconden. 

Pícara su mirada buscando ninfas en el bosque,

nadando en sus aguas, 

acariciando blancos torsos de miel y sabores. 


Eolos está tranquilo,

adormece en islas lejanas,

soñando su paraíso,

cegando mil palmeras, revolviendo acertijos,

sintiendo el mismo sol,

siempre su amigo que luce de colores

según ronronea por el camino. 


Las zagalas van viniendo, blancas calzas y pañuelo de colores destapando algun rizo que se escapa con un guiño. 

Luce el sol para lucir su recorrido, 

despejando el día la plaza, punto de encuentro con los zagalillos. 

Anchas faldas, orilla de encaje y corpiño. 

Pantalones ajustados y cinturón de raso. 

Empieza el baile ofreciendo la mano una sonrisa y todo su acicate. 


Despierta y hermosea el día,

fiel escaparate. 

Risas y melodías y un encuentro importante. 

Ellos y ellas emoción por ambas partes,

¡Qué viva el amor!

¡Qué viva! 

¡Qué nunca falte!


Claudia Ballester Grifo.


EL MAR Y TÚ


Ronea la esmeralda de tus ojos con la mar brava. 

Los cristales de la sal chisporrotean como cacao recién tostado,

recostado abrazando el sol,

languideciendo su descanso. 

Huele a Marinero aguerrido en mil tormentas. 

Historias de nudos ahogados entre las olas. 

Nostalgias empañando las claraboyas del alma. 


Huele a Mediterráneo, 

horizonte de azul y esperanza. 

Chillido de gaviotas, 

azuzando el pescado en las aguas. 

Las nubes perfilan un rostro,

el viento susurra tu nombre

y las aves lo cantan. 


¡¡PAPÁ!!, querido. 

Rizado tu cabello como riza la mar sus horas álgidas. 

Traslúcida tu imagen en el cielo,

sonriendo en el fondo de la mar calma. 

Viendo la risa de tus ojos y

tus dientes de perlas blancas. 


Te fuiste un día de puntillas 

con ese cuerpo amado,

lo acarician los ángeles,

nos queda el hueco de tus palabras,

el vacío de tus abrazos. 

El humo de tu aliento,

esa sonrisa de pillín,

papá querido y por siempre 

recordado. 


Claudia Ballester Grifo


lunes, 2 de noviembre de 2020

EL RUISEÑOR Y LA NOCHE


Duerme la noche arrebujada entre la sábana de sus estrellas. 

Cierra los ojos de luna llena y descansa sobre un lecho de nubes, grácil dama bella. 

Sueña asuntos de mortales. Crea estelas que alimentan luces y pasiones desvelan. 

Mil almas pendientes de ella. Corazones anhelantes que permutan sus sentires en la imposibilidad de sus albores. 


Duerme el galán su sueño más profundo.  

De nada el lienzo de su despertar. 

Le robó sus sueños la magia narcótica de un reposo disciplinar. 

Queda imprimido en su sentimiento un dibujo de un color que no puede acertar. 


Es el día su aliado. La maravilla de un sol jugando en el alféizar de la ventana,

coqueteando con unas flores que apenas desperezan,

tornasolando unas plumas que aletean el horizonte. 


Es el ruiseñor su amigo. Arrullo cálido y persistente que tiende en extensos hilos el refulgir de telas blancas al sol blandiente. 

Es su canto melodía de jeroglífico que un corazón entiende y hermosea. 

Al levantar la noche se desprende de sus perlas, 

llueven preciosas en un bostezo que te despierta. 


Claudia Ballester Grifo


1 DE NOVIEMBRE

 

Miran los árboles, peregrinos del cielo. 

Rociadas las hojas por un dormitar del sol en receso. 

Forma caprichosa del mirar de oro. 

Caduca la hoja, veterana en el verdor de un viso etéreo. 


Chopos anclados, plantados de recreo,

buscando un río que está muy lejos. 

Rumor de agua en un mundo de ensueño,

recuerdo de un lugar onírico por entero. 


Besan sus bajos olivos amigos. 

Repletos de frutos que alegran su nido. 

Aceitunas pequeñas de poca lluvia,

sabrosas sazonadas, intensas y ricas. 

Maná de un parque de niños

que cobija mis pasos en sábado y domingo. 


A Dios pongo por testigo que en lo pequeño el huerto es recibo. 

El cielo de un azul subido y 

verde, verde el alto de un tronco agradecido. 

Caricia de un día que viste de bueno un uno de noviembre,

santo, callado y siempre bendecido. 


Claudía Ballester Grifo


EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS



Se abre el cielo en cascadas de flores. 

aromas variopintos de orquídeas y madreselva. 

Sonrisas curiosas de ángeles en su día viviendo su gloria. 

El sol se baña en un mar plácido. 

Arena de fondo, hogar de muchos. 

Quedaron suspiros y plegarias

abrazados y sumidos en la desesperanza. 

Se mojaron los miedos y ahogado el terror,

ríen los corales vistiendo de luz lo que fue pena. 


Rasga el horizonte volando la brisa su cometa. 

En humo santo se destapa el ruego de un corazón poeta. 

Su último ruego la libertad de una colina verde oyendo campanillas de rebaño y propuesta. 

Libre, oteando fulgurantes vistas,

balcón de encuentros,

apuesta de manos y besos por nubes. 


Regalo de cementerio. 

Nuestros muertos nos oyen en un mundo diverso. 

Flores en las viviendas, hogar de ciprés,

pino y abeto. 

Verde muy verde. 

Florido vergel de color y acierto. 

Calma en un recinto engalanado y precioso. 


El Día de Todos los Santos amaneció con la vela erguida y una mecha blanca prendida en el corazón de todos. 

El sol pletórico, el cielo abierto con una triunfal escalera para reencuentros. 


Aquella esposa con su melena al viento, descalza y su camisón ceñido en su pecho. 

Aquel esposo que cayó de tres metros en un día fatídico de desencuentros. 

El anciano que dejó de respirar en el pasillo esperando un café con leche de desayuno. 

Aquellas esperanzas en barcaza buscando una oportunidad que nunca llegara. 


Ese perrillo faldero que apagó su mirada. 

Esos mineros tragados por la tierra y esos desprevenidos durmiendo una noche de infierno. 

Esos deportistas perdidos en un barranco,

ese avión caído sin fuelle y con espasmos. 

Esa niñita del piso tercero que lloró un momento para callar un desespero. 

Y esos tantos que no vieron un nuevo día para vivir un cielo. 


Esos homenajeados en el primer día de todos los noviembres de años y años. 


Claudia Ballester Grifo.