La hora bruja se alza para angustia del día que se desmadeja olvidado en el bostezo de la luna.
Sueña el pensamiento figuras oscuras,
cierra los ojos y escucha.
La piel se muestra receptiva
al susurro de una leve brisa,
al cálido beso de una idea,
al sentir de una deseada caricia.
Los recuerdos se estrellan
en gama de colores,
chorreando tinta de texturas
y olores.
Se deslizan las palabras,
desfilando corazones,
con sus caritas de niñas
portando mensajes de expertos oradores.
La poesía ama sus versos,
los abraza con mimo,
atiende sus ruegos.
Pliega sus cuartillas,
rumbo de altos vuelos.
El polvo de hada que los guía
entre blandas almohadas
y sábanas de lino.
Arrulla su sentido, corazón vivo.
Qué llegue, qué llegue
tu poesía a dormir conmigo.
Claudia Ballester Grifo

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