sábado, 8 de agosto de 2020

OBSERVO


¡Hijos del mundo!
A esas flores humildes de color pastel y saludo mustio. 
A esas miradas dolientes rogando un mendrugo. 
A esos niños del hambre y del descuido. 
A mis niños amados, ruego refugio. 

A esos corazones solitarios,
impregnados de olor a agrio. 
Cenicienta su faz, 
achicados sus ojos cansados. 
Peregrinos de hospital,
olvidados en esta pandemia cruel,
silenciados. 
A ese, mi grupo,
les  animo a forjar una cadena 
de arrope y cariño,
palabras amables que enciendan
la terapia de la alegría
y el optimismo. 

A nuestras canas veteranas. 
Padres y abuelos resilientes,
sabiduría y mimo, 
mártires de un destino 
que llena de espinas 
la rosa roja de nuestro instinto,
les tiendo mi mano
forjada con todo el amor 
aprendido. 
Les ofrezco mi escucha,
pan divino que alimente 
la soledad del miedo y el olvido. 

Maldito virus, 
mil veces maldecido 
y escupido. 
Llegaste ronco y escondido 
para vapulear nuestros sueños
y reducirlos. 
Risa de hiena, fuego encendido,
depredador y carnicero,
del demonio consentido.  

Llegará el día del dichoso
exorcismo. 
Crujirá tu vientre el veneno 
esparcido. 
Cantará la alabanza
un día bendito,
amaneciendo la dicha,
cabalgando el rayo 
de la esperanza,
riendo el triunfo,
trabajado, esculpido,
ansiado y por fin parido. 

Claudia Ballester Grifohttps://drive.google.com/uc?export=view&id=14_OELTH4kc8iRPBwZnA2P3gyDiNgelkS

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