Quiere llorar el viento
unas lágrimas
que no puede.
Se seca su garganta por el Eolos, torbellino
de masa y fuego.
Turbulencía en el negro de su cetro,
deshidratada el alma,
estrujado su encuentro.
Quiere llorar el viento
cruces de sarmiento.
Ramas arrancadas, troncos
y miedo.
Derramar tórridos amaneceres
y oscuras noches,
despertando de la lluvía
que absorbe océanos
de sinsabores.
Corren las nubes,
arrancado su lecho,
gimoteando perdidas,
rezando un ruego.
Alcanzando las cimas
de bellas ensoñaciones
para besar su loma y derramar
canciones.
Entrará el día con su banda
de ilusiones,
sacando espinas de bellos
ruiseñores.
Extrayendo la espada
de Damocles,
clavada en el pecho,
sellada por mil señores.
Acallará el viento mano amiga,
recreando un nuevo cuento
que hable de poesía
libre, cabalgando por lo eterno.
Humilde y sin cadenas,
hermoso cabello suelto,
riendo sus bucles, sin peso,
bajel surfeando
mar adentro.
Claudia Ballester Grifo

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