Y salimos del Edén para cultivar. Vivimos de nuestro sudor y la mujer acusó con dolor la bipedestación.
El gritó fue desgarrador para acariciar la procreación.
El hombre defendió el hogar.
Se tuvo algo que recelar. El sentido de propiedad nos obligó a pelear.
Apareció el señor feudal, vasallaje debíamos huyendo de un mal a otra mal.
Un rey sobre feudos.
Nadie para descansar.
Un sin vivir continuo por querer prosperar.
Apareció el comercio, el trueque espectácular.
Se abrieron caminos por tierra y por mar.
Aventureros ávidos de huida natural. Escaramuzas de maleantes, maridos hartos de hogar.
La mujer en casa con sus vástagos y a remendar.
Y salimos del Edén por acomode, la verdad.
Nos lo daban todo hecho y es un problema de inutilidad.
Necesitamos buscarnos las habichuelas y soñar con prosperar.
Quejarse es lo suyo, pero descubrimos la cerveza y el tinto para brindar.
El licor vino fermentado y la medicina ganó en popularidad.
Necesitamos poco, pero soñamos con más.
Démonos un tiempo para reflexionar.
Al fin y al cabo revolución y contrarrevolución es una sopa de letras a barajar.
La ilustración iluminó el camino,
¡Viva la electricidad!
Claudia Ballester Grifo
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