jueves, 6 de agosto de 2020

TRISTEZA


Llora la niña lágrimas en cuerpo de añada curtida. 
Se vislumbra la añoranza de una cuna de dintel blanco, 
dorado en el ribete de su cariño. 
Mullido colchón de pluma 
y alivio,
sábanas de algodón, 
abrazando sueños, lidiando
cuentos e historias
de mil desafíos. 

Lloran los ojos de una mirada
perdida en el tiempo,
olvidada en el fondo,
descuidada en el sopor
de un mediodía de agosto. 
Se abraza su cuerpo,
responde el arco de su figura,
en posición fetal,
sola con su amiga. 

Soledad aliada, 
tantas veces pedida,
más de una rescatada. 
Vuelves con mi presencia
lesionada, 
con tu pañuelo claro,
secando humores negros,
aliviando melodías amargas,
rictus y sinsabores. 

Soledad amada, fiel y constante,
presta a mi llamada. 
Testigo cierto de mi sentir,
luz en la tórpida noche. 
Mimo de pequeña, arrimo
y consuelo. 
Beso en la frente,
del que sabe a bueno. 
Plácido el sueño, hidratado 
por la lágrima que cae 
en el suelo. 


Claudia Ballester Grifo.

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