Ulula el viento arrastrando las cuerdas de su garganta como fantasma en pena.
Protesta con fuerza, se integra en mi noche cerrada de sombras.
Aullan mil lobos en mi mente despierta y no... No quiero una vigília, quiero una cama caliente y un abrazo que me consienta.
Los espiritus vagan senderos de espinas,
rizan sus mantras,
hablan sus lenguas de polvo,
crean turbulencias que secan las mucosas,
desatan las pesadillas.
Quiero el arrope de una calidez que me haga sentir la vida.
Una mano que sujete mi cintura y arrastre mi cuerpo lejos del miedo que me asusta.
Unas palabras que acaricien mi pelo,
que con su terciopelo cubran lo malo y lo negro.
Una sonrisa, luna en mi seno que transporte mi luz rompiendo el azote del viento.
Han soltado los lobos,
viene la jauría.
Dice mi niña que son buenos y no hacen daño.
Qué son mentiras de necios que no ven verdad en la vida.
Ella duerme, sin vértigo ni aires que despierten su amable encanto.
Yo consiento, no hay miedo, no hay llanto.
Las 4 de la mañana y el torbellino se ha ahogado.
Claudia Ballester Grifo
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