sábado, 8 de agosto de 2020

ANTONIO, MI MARIDO


Nadando en el acuoso mar de tu pupila. Adentrándome en las corrientes de tu frío que me envuelven y atenazan. 
Silente marco de hielo que corre y alcanza, 
Siberia de mis músculos, vistiendo de curtidas pieles, gasolina que me transporta, azuza y adelanta. 
Perdida en tu cielo, esperando el clarear del alba. 

Buscando la orilla de la sonrisa de tu alma. 
Bostezando el sol palabras cálidas. 
Amanece el baile de nuestra mirada para florecer el nenúfar que te entrega mi yo enamorada. 
Barrunta el viento, sortilegios del sueño lejano, 
ya despertaron tus ojos amados. 
El frío de la cárcel que te separó de mi lado, regresa con tu piel de amante enamorado. 

Abrazo tu respirar profundo para no perder la candidez de tu tacto. 
Pegadita a tu cuerpo,
¡cariño, cómo te amo!
Conviertes en vapor el impulso del aliento que te comparto. 
Haces malabares con mis sueños dorados,
acudes a la cita de mi corazón rendido a tus encantos. 

Nadando en el acuoso mar de tu pupila. 
Bañada de coral, espuma de caricias. 
Acudes a mi llamada, compartiendo estela onírica. 
Vagabundos del cielo,
amantes de fuego en la hiedra de mi vida. 
-Esposo- te dije un día. 
Lloran mis ojos la felicidad, transcurridos 30 otoños de hoja caída. 

Claudia Ballester Grifohttps://drive.google.com/uc?export=view&id=1VQxXELzQ3_CpK9iOrK4vhidkpQIRv0wp

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