Languidecía la pluma y la vela sucumbía muriendo el oxígeno que la mantenía viva.
Soñaba el romanticismo su sabor nostálgico,
ocres anaranjados que el ocaso vestía,
sorbiendo de su atardecer letargo.
Cegados los ojos al brillo de la alegría,
mudas las palabras, amordazadas
por un sentir que le estrangula.
Mascarilla de pétreas raíces,
muere cada poro de asfixia.
Boquea el poeta,
anhela su musa,
rutilante de magia y belleza
apresta su ayuda.
Se deshace el nudo de la capa.
Va besando su negro la sombra
del suelo que resbala.
Se convierte en alfombra
de rojo disfrazada,
amortigua sus pasos,
huella de una esperanza,
guante blanco y sombrero de copa.
Adelante amigo,
caballero de lanza y espada,
defiende tu mundo de ogros
y farios de mala estampa.
Mirada vibrante,
sol que hunde su fuego
en el océano de rutilantes
letras jugando a formar
palabras.
Claudia Ballester Grifo
No hay comentarios:
Publicar un comentario