Llegaste a mí, tímido, perdido.
Palabra vacilante, buscando alivio.
Dos palabras:
- Estoy deprimido-
Encendieron en mí la alarma. Supe de tu peligro.
Nos llenamos la boca de que el mundo está perdido. Se han perdido valores y otros, los que creíamos desaparecidos, bailan en las listas de primeros.
Está perdido a nuestros ojos todo lo que no aprovechamos o disfrutamos. Cada día nos molestan más cosas, nos sentimos más agredidos. Gestos amargos de frustración y desencanto. Ya no se espera nada, lamentablemente ni del hermano. Nos sentimos desencantados. Tanto borreguismo, tanto creer alabanzas, promesas y cuentecillos. Se espera tanto de un juego de muñecas sin guión establecido que no salen las cuentas para salvar el barco hundido.
Hablamos jugando al despiste. Las cosas pasan a otros y en otros lugares. Nos ahogamos en un océano de mentiras, sin flotador, pero con apostura. Eso sí, la cadena es fuerte y no suelta a ninguno. Todos poso de sueños, sin fuerza ni trazas de esfuerzo para nadar a una.
Llegaste a mí sin saber que pedías ayuda.
Me llamaste "ángel" y te respondí que sólo era una amante de la vida y de su gente y que a todos quería. Sentía tu dolor y lo recibía. Si cada uno de nosotros mirara menos a otro lado y abriera su corazón a la maravilla de la vida, tal vez otro gallo nos cantaría.
Menos mirar nuestro ombligo. Menos soñar imposturas. Es el amor el que habla con la única verdad de testimonio y vida.
Con las manos abiertas, cálida la mirada y la palabra escrita, atravieso la distancia y acudo a la cita.
No estás solo, tienes a alguien que te ayuda. Duerme tranquilo porque he encendido la luz de tu mesita.
Claudia Ballester Grifo
No hay comentarios:
Publicar un comentario