sábado, 1 de agosto de 2020

1 DE AGOSTO.

Llama la alegría a repique de campana.
Se oye la música muy adentro y directa.
Habla su melodía de nubes abiertas,
esparciendo sus grumos de forma caprichosa.
Huele el café a rico alimento. Embriaga los sentidos,
calma el apetito despierto.
Se deslizan las ganas cautelosas, alargando sus lenguas,
lamiendo el resto.
Huele a nuevo. La hierbabuena de la noche duerme
sus horas y la mañana entrona su puesto.
Se asoma el sudor prometiendo el sopor de una calma
cálida y el mínimo esfuerzo.

La chicharra plañe su concierto. Amanece el uno de agosto.
Pizpireto y ufano. Sol español temido y adorado.
Repica la alegría por asueto y cuidados. Es menos calor el que
ahoga con el mar por escenario.
Se remoja el termómetro aliviando un mercurio oxidado.
Canta el agua su sal, plagia notas repetidas por años.
Se zambulle la evasión de una primavera carcelera,
 libres de mordaza,
liberados de pecado.

Somero sueño de libertad. Espejismo de arenas claras
invadiendo un mundo de enojos.
Navegando el sol con su velero, rielando mar en su lienzo.
Espejo que refleja los anhelos de un poeta que resuella
en su mirar receloso.
Las musas traen soplos de brisa.
Hermoso, hermoso el estreno de agosto.

Claudia Ballester Grifo

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