Te asomaste a la ventana para respirar un poco de hiedra, palpitando la fachada noches de fiesta.
Te vestiste de azul, aguamarina tus piedras,
desprendiendo energía de la que quiere y arropa,
sacando tu mejor sonrisa ,
madreperla dibujando tu boca.
Te acercaste a mirar la noche con sus luceros,
compartiendo con la luna sus viejos tesoros,
intimando la oscuridad del negro,
lazos amigos de poesía en el encierro.
Cerca muy cerca del sentir hermoso de pareceres iguales sin distancia ni tiempo,
como dos colegas sin techo que recorren risas y vientos.
Trajiste aromas nuevos, detalles de perla enquistada en ostra expectante.
Moviendo sus bivaldas nacaradas, burbuja de aire en un medio calmo de estrellas y corales.
Lenguas de algas que arrastra la corriente,
fondeado la arena que peina con tus andares.
Esperando recela la luna no ver dibujar tu sombra el camino.
Anhela el cielo un despertar de vino,
una rosa prendida en tu pecho rendido.
Entrega tu mano abierta para que pueda cogerla y seguirte donde me lleven tus pasos.
Quiero beber de la copa que tu preparas para mí y disfrutas conmigo.
Claudia Ballester Grifo
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