Duerme tus sueños que yo haré la cama de tus pensamientos.
Iluminaré tus días con una bajera rosa que descanse tus miedos.
Te cubriré con lino que abrigue ese cuerpo blando de tanto quererlo,
de capullo de rosa su orilla para que con verdes hojas su tallo te huela a fresco.
Rosa la almohada que abrazas
entregada a ti con su cara iluminada.
Sonríe tu distancia con albores de mañana,
dúctil, maleable,
siamesa de tu silueta entregada.
Silente ante el embate de una cortina que te alcanza,
Los dedos se extienden de un furioso viento que el verano arranca.
Te susurra su eco mas no te roza el fresco de su escarcha.
El sol se alza campechano en su parca,
te observa y te alcanza,
en tropel entran los enanitos de su gracia.
Huele a café,
a mar en su caballo encabritado de olas rizadas,
a fresco romero de las agujas de Santa Ana.
Huele a ti, en la estancia iluminada,
a esa almendra dulce,
a ese manjar que me regalas.
Claudia Ballester Grifo
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